
Las consecuencias de las recientes lluvias y tormentas en Andalucía ya se sienten en toda España: miles de familias que trabajan en la agricultura han quedado al borde de la supervivencia. Las tierras de cultivo están inundadas, las cosechas destruidas y la infraestructura, dañada. Para muchas regiones, esto no es solo una dificultad temporal, sino un golpe que podría alterar el panorama económico durante años.
En la provincia de Jaén, agricultores como Antonio Román han perdido la esperanza de salvar los restos de la cosecha de aceituna. Las lluvias constantes y la fuerza de la naturaleza han dejado un tercio de los frutos bajo el agua y el barro. Solo en este sector, las pérdidas de aceite de oliva se estiman en decenas de miles de toneladas, y el daño económico alcanza cientos de millones de euros. La situación se agrava porque los dos años anteriores estuvieron marcados por la sequía y la invasión de plagas, debilitando aún más la resiliencia del sector.
En Granada y Sevilla, los agricultores informan la pérdida de la mitad de la cosecha de aceituna, que solo sirve ahora para la transformación a precios reducidos. En algunas zonas, como las vegas bajas del Guadalquivir, decenas de miles de hectáreas han quedado bajo el agua. En Lebrija y Huétor Tájar, se han visto afectados los cultivos de hortalizas y flores, y en Jerez de la Frontera, los cítricos, aguacates y olivares. En Almería, los invernaderos han sufrido daños, mientras que en Huelva, la recogida de frutos rojos y cítricos prácticamente se ha paralizado por las carreteras erosionadas y los campos inundados.
Daños para la economía
Expertos señalan que los daños causados por el fenómeno van mucho más allá de la pérdida de cosechas. Se han destruido carreteras, sistemas de riego, puentes y otras infraestructuras esenciales para el funcionamiento del sector agrícola. Según estimaciones de las autoridades regionales, el daño total podría superar los 3.500 millones de euros, lo que representa una quinta parte de toda la producción anual agrícola de Andalucía. La situación es especialmente grave en las provincias de Jaén y Granada, donde la producción de aceite de oliva es la base de la economía local.
Las pérdidas en la ganadería son igualmente significativas. La humedad y el barro incrementan la aparición de enfermedades entre el ganado, especialmente en las ovejas. En algunas zonas, como en Sierra de Segura, la mortalidad de corderos recién nacidos alcanza el 30%. Los agricultores se ven obligados a reducir el número de animales y muchos jornaleros abandonan las explotaciones ante la imposibilidad de continuar trabajando en estas condiciones.
El impacto en el empleo ya se hace notar: los trabajadores temporales dedicados a la recogida de frutos y aceitunas no pueden acceder a los campos. Esto provoca una reducción de los ingresos familiares y un aumento de la tensión social en las zonas rurales. Las autoridades regionales ya han solicitado que la situación sea reconocida como catástrofe natural para poder acceder a ayudas de emergencia.
Reacción y consecuencias
Las cooperativas locales y asociaciones de agricultores califican lo que ocurre como una crisis sin precedentes. Representantes del sector advierten que, si no se toman medidas urgentes, las consecuencias para la economía regional se sentirán durante muchos años. Las autoridades debaten la posibilidad de otorgar compensaciones y reconstruir infraestructuras, pero la magnitud de los daños exige una coordinación a nivel nacional.
En algunas zonas, como en Córdoba, la situación es ambigua: mientras que las pérdidas en cítricos alcanzan hasta un 40%, para los productores de almendras las intensas lluvias han resultado ser una inesperada bendición. Sin embargo, el balance general sigue siendo negativo y las perspectivas para la próxima temporada son inciertas.
Particular preocupación genera la situación en las tierras bajas del Guadalquivir, donde decenas de miles de hectáreas han quedado inundadas. Aquí, los agricultores temen que la recuperación de la fertilidad del suelo y las infraestructuras pueda tomar meses, si no años. Al recordar sucesos recientes, muchos comparan la crisis actual con lo vivido tras una tormenta devastadora, cuando Andalucía ya había sufrido pérdidas catastróficas y se vio obligada a reajustar el presupuesto y solicitar ayuda de emergencia.
Contexto y antecedentes
En los últimos años, Andalucía se ha visto varias veces afectada por desastres naturales que han causado graves daños al sector agrícola. En 2023, la región ya sufrió inundaciones a gran escala que provocaron la pérdida de cosechas y cuantiosas pérdidas para los agricultores. En aquella ocasión, las autoridades también declararon el estado de emergencia y gestionaron apoyo a nivel nacional y europeo. Estos episodios resaltan la vulnerabilidad del sector agrario ante los cambios climáticos y fenómenos meteorológicos extremos. Cada nueva tormenta aumenta la preocupación entre los agricultores y les impulsa a buscar nuevas estrategias para proteger las cosechas y la infraestructura.












