
En octubre del año pasado, la Comunidad Valenciana se vio en el epicentro de una devastadora inundación que cobró la vida de cientos de personas. En aquel entonces, la alerta de emergencia llegó demasiado tarde: la mayoría de las víctimas ya se encontraba en zonas peligrosas o permanecía desaparecida. Han pasado casi once meses y ahora las autoridades locales actúan de manera diferente: la capacidad de respuesta y la preparación han mejorado notablemente, especialmente tras los recientes episodios de mal tiempo que han afectado a la región.
Esta vez, cuando los meteorólogos emitieron el nivel rojo de alerta, los ayuntamientos advirtieron con antelación a los vecinos sobre los posibles riesgos. En las ciudades afectadas el año pasado, se instalaron barreras de protección y los altavoces llamaron a la población a no salir de casa y evitar las zonas bajas. Doce horas antes del inicio de la tormenta, los servicios de emergencia enviaron un aviso masivo con recomendaciones para abandonar sótanos y garajes, lugares donde el año pasado se registró la mayoría de las víctimas mortales.
El contraste con el año pasado es evidente: entonces, las autoridades tardaron en decidir cuándo y cómo alertar a la población. Como resultado, cuando finalmente llegó el aviso, el temporal ya azotaba la zona y algunas áreas estaban completamente inundadas. Posteriormente, la investigación judicial confirmó que las decisiones críticas se tomaron con retraso y que la coordinación entre los distintos organismos fue insuficiente.
Esta vez, la coordinación entre los servicios fue mucho más fluida. Sin embargo, no faltaron nuevos motivos de debate. El presidente Carlos Mazón volvió a estar ausente en las principales reuniones de coordinación durante la tormenta. El año pasado, su ausencia se atribuyó a un almuerzo prolongado y ahora, a su participación en un acto de partido en Murcia. Las autoridades aseguran que el jefe de la región estaba al tanto de la situación y recibía toda la información necesaria de sus colaboradores. No obstante, tanto la oposición como la opinión pública no tardaron en reprocharle la falta de atención a la emergencia.
La vicepresidenta del gobierno sostiene que este tipo de reuniones tienen un carácter técnico y que la presencia del máximo mandatario no es imprescindible. Sin embargo, en marzo, cuando la región volvió a estar en alerta roja, Mazón participó activamente en el operativo. Ahora, su ausencia se ha convertido de nuevo en objeto de intensos debates, y las explicaciones resultan poco convincentes para muchos. Más aún tras la tragedia del año pasado, cuando la demora costó la vida a decenas de personas.
En definitiva, pese al claro progreso en la organización y la información a la ciudadanía, sigue pendiente la cuestión de la responsabilidad personal de los dirigentes regionales. La sociedad exige no solo respuestas rápidas y eficaces, sino también la implicación directa de sus líderes en los momentos críticos.












