
El sábado, fuertes lluvias azotaron Cataluña, convirtiendo en pocas horas ríos y arroyos tranquilos en torrentes turbulentos. La situación fue especialmente crítica en las afueras de Barcelona, donde el nivel del agua en algunos cauces se multiplicó varias veces. En la zona de El Papiol, el caudal de la Riera de Rubí alcanzó niveles críticos, lo que obligó a los servicios locales a declarar la alerta.
En otras comarcas, como Vallès y Maresme, la situación también seguía siendo tensa. Como resultado del repentino aumento del caudal en ríos y barrancos, los vecinos tuvieron que abandonar sus rutas habituales. En Montcada i Reixac, el río Ripoll llevaba por la tarde más de cuarenta metros cúbicos de agua por segundo, poniendo en riesgo las zonas cercanas.
El mal tiempo obligó a suspender temporalmente el tráfico ferroviario en la línea R5 entre las estaciones de Martorell y Abrera. En ese tramo se produjeron desprendimientos y los trenes estuvieron detenidos en ambos sentidos. Las autoridades activaron un plan especial de emergencia en el transporte para minimizar el impacto entre los pasajeros.
Las carreteras también se vieron afectadas por el temporal. Se cortaron tramos de las rutas B-112, BP-1103, BP-1121 y GI-552, donde se produjeron desprendimientos o el agua cubrió totalmente la calzada. La situación fue especialmente grave en el enlace entre la A-2 y la AP-7, donde el tráfico tuvo que ser detenido por motivos de seguridad.
Protección Civil de Cataluña mantiene desde el jueves el estado de alerta ante el riesgo de nuevas lluvias. Se recomienda encarecidamente a los residentes evitar las zonas bajas y no acercarse a embalses ni cauces de agua, incluso si la lluvia ha cesado temporalmente. Las autoridades subrayan que el nivel del agua puede aumentar bruscamente en cualquier momento y piden a todos extremar la precaución y seguir las comunicaciones oficiales.












