
En Jerusalén ocurrió un hecho que ya es calificado como sensacional por la comunidad musical y los historiadores. El musicólogo español David Catalunya, junto con un equipo de especialistas, logró devolver la vida a un órgano construido en el siglo XI. Según los expertos, este instrumento se considera el órgano cristiano más antiguo y mejor conservado de todos los que se conocen.
El trabajo de restauración se prolongó durante varios años y tuvo lugar en el monasterio San Salvador, donde reside una comunidad franciscana que custodia con esmero las reliquias cristianas de Tierra Santa. Catalunya se interesó por este órgano mientras investigaba tecnologías musicales medievales en Oxford. Durante sus estudios, se topó con la mención de un misterioso instrumento hallado en Jerusalén y decidió ocuparse personalmente de su investigación.
Cuando al investigador le permitieron acudir al monasterio, descubrió dos baúles antiguos escondidos en el desván. En su interior había centenares de tubos de bronce cuidadosamente envueltos en papel. Catalunya pasó varias horas clasificándolos por tamaño y elaborando un inventario detallado. En total, logró identificar 222 tubos, aunque el órgano originalmente contaba con 342 piezas. Pese a los siglos, muchos elementos se conservaron en excelente estado, como si hubieran sido fabricados recientemente.
El instrumento fue creado en Francia y luego trasladado a Tierra Santa, donde se utilizó en el siglo XII. Posteriormente, temiendo invasiones, los cruzados escondieron el órgano bajo tierra, donde permaneció más de siete siglos. Sólo a principios del siglo XX, arqueólogos encontraron estas reliquias durante excavaciones cerca de la basílica de la Natividad en Belén.
Cataluña y su equipo no solo llevaron a cabo la restauración, sino que también fabricaron réplicas exactas de los tubos para comprobar si era posible devolverle la voz al instrumento. Para sorpresa de todos, ocho tubos originales resonaron, llenando la enorme sala del monasterio con antiguas melodías. Aunque no se logró recuperar todo el rango del órgano, los tubos conservados abarcan los principales registros —bajo, medio y alto—.
Esta experiencia fue para los investigadores un verdadero viaje al pasado. Por primera vez en siglos se logró escuchar el sonido auténtico que acompañaba los oficios religiosos hace mil años. Cataluña reconoce que siente una enorme responsabilidad por preservar este hallazgo único. En el futuro, el órgano será expuesto en el Terra Sancta Museum Art & History para que todos puedan acercarse a la historia.
Para el propio musicólogo, este proyecto no solo fue un logro científico, sino también la realización del sueño de quienes una vez escondieron el instrumento para salvarlo. Cataluña destaca que no busca la fama; lo más importante para él es el proceso en sí y la oportunidad de escuchar las voces del pasado. No es casualidad que la música de órgano y el arte de la organería hayan sido reconocidos por la UNESCO como patrimonio inmaterial de la humanidad.
Ahora, después de quince años de carrera profesional, Cataluña considera que esta experiencia es la más significativa de su vida. Está convencido de que cada instrumento tiene su propio carácter y que el diálogo con él es siempre una vivencia única. Gracias a su labor, hoy podemos escuchar la música que resonaba en los templos hace mil años, como si por un instante viajáramos al pasado lejano.












