
En lo más profundo de la provincia de Alicante, entre montañas y valles, se esconden pequeños pueblos que han conservado el espíritu medieval. Estos asentamientos, rodeados de paisajes pintorescos y coronados por antiguas fortalezas, ofrecen a los viajeros la oportunidad de sumergirse en la atmósfera de siglos pasados y descubrir la rica herencia cultural de la región.
Guadalest es uno de los pueblos más emblemáticos y visitados de Alicante. Se sitúa en la cima de una roca, rodeada por las sierras de Aitana y Xortà. El acceso al pueblo es a través de un túnel excavado en la roca, lo que predispone a conocer su historia y naturaleza. Su principal atractivo es el castillo de San José, que domina la localidad y ofrece vistas panorámicas al valle y al embalse. Guadalest también cuenta con numerosos museos peculiares y rincones pintorescos.
Biar se encuentra en el interior de la provincia y es considerado uno de los pueblos más bonitos de la región. Su casco histórico ha mantenido su autenticidad, y la silueta del castillo es visible desde lejos. El pueblo está situado a los pies de la sierra de Mariola. El castillo de Biar, reconocido como monumento nacional, destaca por su torre de origen almohade y sus poderosas murallas, desde las que se contemplan los alrededores. En el centro se ubica la iglesia de la Asunción, con fachada renacentista, y la Plaza de la Constitución.
Villena ocupa una posición estratégica y es conocida por su castillo de La Atalaya (La Atalaya), que se ha convertido en símbolo de la ciudad. En los barrios antiguos se conservan huellas del pasado musulmán, cristiano y medieval. Las poderosas torres y murallas del castillo recuerdan batallas, y hoy ofrecen vistas sobre la ciudad y la comarca del Alto Vinalopó (Alto Vinalopó). Villena también destaca por la iglesia de Santiago (Santiago), el Palacio Municipal y su tesoro arqueológico, uno de los más valiosos de Europa.
Sax (Sax) — ciudad en el corazón del Alto Vinalopó, donde el legado medieval está especialmente bien conservado. Su castillo, construido entre los siglos X y XII, se alza sobre un peñón y domina el horizonte. La fortaleza, con sus torres y murallas, recuerda la época en la que Sax era una importante fortaleza fronteriza entre tierras musulmanas y cristianas. La ciudad también es famosa por las fiestas de Moros y Cristianos.
Castalla (Castalla) está rodeada por las sierras de Castalla y Maigmó (Maigmó). El castillo en la cima del cerro es el principal símbolo de la ciudad y uno de los mejor conservados de la provincia. Su historia se remonta al periodo islámico y, en la Edad Media, la fortaleza fue ampliada considerablemente. Dentro del castillo pueden visitarse torres y el palacio del marqués. El casco antiguo de Castalla ha conservado su trazado medieval, con calles estrechas y sinuosas que conducen a la plaza principal y la iglesia de la Asunción.
Petrer (Petrer) se encuentra junto a Elche (Elche) y prácticamente se fusiona con la ciudad de Elda (Elda). Aquí destaca un castillo de los siglos XII-XIII, situado en una colina. Pasear por el antiguo barrio de El Altico (El Altico) es un viaje por un laberinto de callejuelas estrechas con casas blancas y portales de piedra, donde se conserva el aire medieval.
Aigües (Aigües), o Aguas de Busot (Aguas de Busot), sorprende por su ubicación entre montañas y su ambiente tranquilo. La localidad está cerca de la costa y es conocida por sus tradiciones de antiguos balnearios. Aquí se conservan huellas de diversidad cultural y famosas aguas termales que alcanzaron gran fama en el siglo XIX. En el centro del pueblo destaca la iglesia de San Francisco de Asís (San Francisco de Asís) y las ruinas del viejo balneario. Desde las colinas se divisan vistas al mar Mediterráneo.
Cocentaina (Cocentaina) se sitúa a los pies de la Sierra de Mariola y es conocida por la feria más antigua de España, la Feria de Todos los Santos. La ciudad llama la atención de inmediato por el perfil de su castillo y el centro histórico. El castillo del siglo XIII en la colina es el principal símbolo de Cocentaina. Entre otros monumentos destacan el palacio gótico de los Condes, que alberga obras de arte, la iglesia de Santa María y el monasterio de las clarisas.
Cada una de estas localidades no solo ofrece patrimonio arquitectónico, sino también la oportunidad de sentir la atmósfera de épocas pasadas, disfrutar de la naturaleza y descubrir rincones poco conocidos de Alicante. Los pueblos medievales de la región son el destino ideal para quienes buscan experiencias auténticas y nuevas rutas lejos de las multitudes turísticas.












