
En una de las universidades más prestigiosas del mundo, la Universidad de Columbia en Nueva York, Pedro Sánchez fue el centro de atención. El presidente del Gobierno español llegó en medio de un clima tenso: el campus se ha convertido en un símbolo de las protestas en apoyo a Palestina y en objeto de presión por parte de Donald Trump, quien exige restringir la libertad de expresión de los estudiantes.
Sánchez, sin mencionar directamente al ex presidente estadounidense, ofreció a la audiencia una perspectiva completamente diferente sobre los principales temas globales. Su discurso, lleno de ejemplos de la realidad española, contrastó fuertemente con la retórica de Trump. Cada vez que abordaba cuestiones como la migración, la situación en Gaza o la libertad de expresión, el auditorio estallaba en aplausos: más de cuatrocientos estudiantes mostraron su apoyo al líder español.
Al inicio de su intervención, Sánchez recordó los estrechos lazos históricos entre España y la universidad, que en el pasado acogió a refugiados españoles. Estableció paralelismos entre los acontecimientos del siglo pasado y los retos actuales, señalando que muchos valores consolidados están siendo ahora cuestionados. Según él, es necesario volver a los principios democráticos que en su día hicieron prosperar a las sociedades occidentales.
Pedro Sánchez centró especialmente su atención en el tema de la migración. Señaló que España ha acogido a cerca de dos millones de migrantes en los últimos años, mientras que la tasa de desempleo se ha reducido casi en un 40 por ciento. Según él, la migración no es una amenaza, sino una oportunidad para el país, y es fundamental recordar la dignidad humana de quienes buscan una vida mejor. Esta idea tuvo una respuesta entusiasta entre los estudiantes.
Al abordar el conflicto en Oriente Medio, Sánchez subrayó que España reconoce el derecho de Israel a existir y condena el terrorismo, pero que no puede ignorar la muerte de decenas de miles de civiles en Gaza. Instó a distinguir entre la defensa del país y la destrucción masiva de la población civil, lo que provocó una reacción aún más intensa entre la audiencia.
El organizador del encuentro, el profesor Adam Tooze, le preguntó a Sánchez cómo logra mantener una línea progresista cuando en toda Europa y el mundo crecen las tendencias de derecha. El primer ministro español explicó que el secreto está en reformas coherentes que realmente mejoran la vida de las personas, así como en saber ser flexible y pragmático.
Para concluir, Sánchez defendió la libertad de expresión y recordó que las sociedades abiertas son la mejor manera de hacer frente al radicalismo. Llamó la atención sobre el endurecimiento de los controles en la universidad: ahora solo los estudiantes pueden acceder al campus, cuando antes la entrada era libre. Según él, esto es una señal preocupante para quienes valoran la democracia.












