
En los meses de invierno, los aeropuertos españoles se enfrentan a uno de los problemas más discretos pero cruciales de la aviación: la formación de hielo en las alas de los aviones. Aunque los pasajeros no suelen notarlo, para los pilotos y los equipos técnicos estas condiciones meteorológicas representan un verdadero desafío. El riesgo se intensifica especialmente durante la noche, cuando la temperatura cae bruscamente y una fina pero peligrosa capa de hielo se acumula en las alas.
Alfonso de Bertodano, comandante de Boeing 787 y psicólogo, lleva años ayudando a las personas a superar el miedo a volar. En esta ocasión ha decidido explicar qué ocurre con el avión antes del despegue cuando la temperatura es bajo cero. Según él, el hielo en las alas se forma tan rápido como en el parabrisas de un coche si se deja fuera en una noche helada.
El piloto advierte que, si aparece aunque sea una ligera capa de hielo en las alas, el avión no puede despegar. Esto se debe a que el hielo altera la aerodinámica y puede provocar consecuencias graves. Por eso, antes de cada vuelo durante el invierno, la tripulación debe esperar a que se realice un procedimiento especial: la aplicación de una solución especial en las alas y otras superficies que disuelve el hielo y previene su formación hasta el momento del despegue.
Procedimiento en tierra
En los aeropuertos de España, para combatir la formación de hielo, se utilizan máquinas especiales que suelen verse a primera hora de la mañana o tarde en la noche, cuando la temperatura cae por debajo de cero. Estos vehículos se acercan al avión y rocían una solución especial sobre las alas y la cola. El procedimiento dura solo unos minutos, pero sin él, el despegue es imposible.
El piloto destaca que, aunque los aviones modernos cuentan con sus propios sistemas antihielo, está prohibido utilizarlos en tierra. La razón es sencilla: estos sistemas funcionan mediante calentamiento y, si se activan antes del despegue, pueden dañar la estructura del ala o incluso provocar un incendio. Por eso, la protección solo se realiza con equipos terrestres.
Una vez que las alas han sido tratadas, la tripulación recibe autorización para despegar. Solo en el aire, cuando el avión gana altitud y velocidad, los pilotos pueden activar los sistemas integrados de protección contra el hielo. Hasta ese momento, la seguridad depende totalmente del trabajo de los especialistas en tierra.
Sistemas integrados
Cuando el avión ya está en el aire, la situación cambia. Los sistemas integrados antihielo se activan automáticamente o por orden del piloto. Estos sistemas calientan ciertas partes del ala y otros elementos clave de la estructura, evitando así la formación de hielo durante el vuelo.
Sin embargo, en tierra estos sistemas permanecen inactivos. Esta norma se aplica en todos los países y para todos los modelos de aviones de pasajeros modernos. Su incumplimiento puede causar graves problemas técnicos e incluso accidentes.
El piloto señala que la seguridad de los pasajeros siempre es la máxima prioridad. Por eso, incluso si hay que esperar unos minutos adicionales debido al tratamiento del avión, esto se hace exclusivamente por la seguridad del vuelo.
Retos del invierno
Las condiciones climáticas invernales exigen especial atención por parte de los pilotos y los equipos técnicos. Cada vuelo en una noche helada es no solo una prueba para la maquinaria, sino también para la coordinación de todo el equipo. De una preparación adecuada del avión antes del despegue depende no solo la comodidad, sino también la vida de las personas a bordo.
A los pasajeros solo les queda confiar en los profesionales y recordar: incluso si ven que su avión es rociado con un líquido extraño antes del despegue, no hay motivo de preocupación. Al contrario, es garantía de que se han seguido todas las medidas de seguridad y que el vuelo será tranquilo.












