
En la zona sur de Alicante, donde la ciudad se encuentra con el puerto y una de sus principales arterias de transporte, una gran explanada vacía persiste desde hace años. En este lugar, antes ocupado por terrenos baldíos, se preveía la construcción de un barrio residencial moderno que diera continuidad lógica al histórico distrito de Benalúa. Sin embargo, aunque el plan urbanístico fue aprobado a finales de los años 90, la zona sigue inacabada. El principal obstáculo: dos antiguos edificios de molinos harineros, Cloquell y Bufort, que aún hoy generan enfrentamientos entre el ayuntamiento y los inversores.
Han pasado ya tres décadas desde el inicio del proyecto. Durante este tiempo, alrededor de las fábricas se han levantado modernos edificios residenciales de fachadas blancas y grises, dirigidos a compradores acomodados. No obstante, la vida en el nuevo barrio nunca llegó a consolidarse: las calles permanecen vacías, no hay comercios ni cafeterías, y la mayoría de los pisos han sido adquiridos por inversores que no se precipitan a ocuparlos. Todo el desarrollo ha quedado estancado en una manzana: la misma donde se encuentran las dos históricas fábricas construidas en la década de 1930.
Herencia histórica
Los vecinos temen que la situación se prolongue durante muchos años más. Según el presidente de la asociación vecinal, las fábricas Cloquell y Bufort se deterioran poco a poco ante la falta de decisiones sobre su futuro. Son el último vestigio del pasado industrial de Alicante, cuando el grano llegaba en tren desde Castilla-La Mancha y la harina partía desde aquí a todo el país. El arquitecto Miguel López diseñó ambos edificios, que se convirtieron en símbolo del auge industrial de la ciudad en las décadas de 1930 y 1940.
En las décadas de 1950 y 1960, las fábricas se expandieron: Cloquell construyó un nuevo silo de grano y Bufort añadió almacenes adicionales. La producción continuó en estas instalaciones hasta 2021 y 2023 respectivamente, cuando los propietarios accedieron a trasladarse. Inicialmente se planeaba demoler ambos edificios para dejar espacio a nuevas viviendas, pero en 2022, tras la presión pública y de la comunidad arquitectónica, se decidió preservarlos como parte del patrimonio industrial.
Planificación urbana
Actualmente, el futuro de las fábricas depende de complejas negociaciones entre el ayuntamiento y los propietarios. Tras varias discusiones, se acordó que el edificio de Cloquell pasará a manos municipales para uso comunitario, mientras Bufort seguirá siendo propiedad de sus actuales dueños y se destinará a fines comerciales. En la zona adyacente se planea construir un bloque residencial de seis plantas y una torre de dieciséis plantas que servirá como hito arquitectónico en la entrada sur de Alicante.
Paralelamente se estudia la creación de una zona verde y la mejora de la conexión con el colegio Benalúa, situado enfrente. Sin embargo, aún no se ha tomado una decisión definitiva sobre el uso de los edificios. Entre las propuestas figuran abrir un hotel, oficinas, espacios de residencia temporal para profesionales y estudiantes, así como la creación de un museo de tecnologías digitales o un centro etnográfico dedicado a la historia de la ciudad.
Expectativas y perspectivas
Durante la última campaña electoral, el alcalde de Alicante propuso ubicar en uno de los edificios las conservatorios de música y danza, actualmente dispersos por distintas zonas de la ciudad. Sin embargo, esta opción aún no ha sido aprobada, y el futuro de las fábricas dependerá del nuevo plan urbanístico, que está en proceso de elaboración. El plan vigente fue adoptado en 1987 y se considera uno de los más obsoletos de España.
El proyecto de desarrollo del barrio se dividió originalmente en dos fases: la primera incluía todas las parcelas excepto la zona de las fábricas, y la segunda, el sector con los edificios industriales. Si no surgen más obstáculos, las obras en esta área podrían comenzar en 2027 y finalizar hacia finales de 2028. Como primer paso, será necesario desmontar los antiguos tejados y las instalaciones con contenido de amianto, lo que solo es posible en verano, cuando la escuela permanece cerrada por vacaciones.
Mercado inmobiliario
Mientras tanto, la primera fase de urbanización ya está casi completada. Aquí se han construido modernos complejos residenciales, donde los pisos se venden por unos 400.000 euros por 80 metros cuadrados. Según el vecindario, la mayoría de los compradores son extranjeros, especialmente de Estados Unidos, así como españoles atraídos por la cercanía al centro, el puerto, el colegio y el aeropuerto, al que se llega en 15 minutos.
A pesar de su ubicación privilegiada y arquitectura moderna, el barrio aún no ha cobrado verdadera vida. Toda la atención está puesta en el destino de las dos fábricas, de cuya suerte depende cuándo Benalúa Sur finalmente tendrá personalidad propia y se llenará de actividad.












