
Un giro en la política antidrogas de Portugal
En 2025, Portugal finalmente cambió su enfoque hacia el problema de las lanchas rápidas, que durante años habían escapado a un control estricto. La nueva legislación, firmada por el presidente del país a finales de octubre, endurece las normas de posesión, fabricación y uso de embarcaciones rápidas. Ahora, la violación de estas reglas puede llevar a una condena real de prisión. La aprobación de la ley coincidió con un trágico incidente en el río Guadiana, donde murió un miembro de la guardia nacional mientras perseguía a traficantes de drogas. Este suceso aceleró la implementación de reformas.
Expertos señalan que la prolongada demora en la adopción de medidas permitió a las organizaciones criminales utilizar la costa portuguesa como un refugio seguro. Tras la prohibición impuesta por España en 2018 para el uso privado de lanchas rápidas, los cárteles trasladaron rápidamente sus operaciones al país vecino. La extensa línea costera de Portugal y sus numerosos ríos lo convirtieron en un lugar ideal para el almacenamiento y ensamblaje de embarcaciones utilizadas para el transporte de cocaína y hachís.
Aumento de la actividad delictiva y respuesta de las autoridades
Desde que las leyes españolas se endurecieron, Portugal experimentó un fuerte aumento en el número de talleres y almacenes clandestinos para embarcaciones rápidas. Las redes criminales crearon toda una infraestructura: en el norte del país se construían y reparaban las lanchas, mientras que en el sur se ocultaban hasta salir al mar. En julio de 2024, una operación conjunta de las fuerzas de seguridad de ambos países resultó en la mayor detención de los últimos años: decenas de personas fueron arrestadas, se incautaron toneladas de drogas y decenas de potentes lanchas.
La policía señala que los delincuentes perfeccionan constantemente sus métodos. Algunas embarcaciones están equipadas con cuatro motores de 300 caballos de fuerza cada uno, lo que las hace prácticamente inalcanzables para las patrulleras habituales. En los últimos años han surgido incluso grupos especializados únicamente en el transporte marítimo, ofreciendo sus servicios a otras redes de narcotráfico.
Estadísticas y nuevas tendencias
Los datos de la policía portuguesa muestran que hasta 2018 se confiscaban al año no más de seis lanchas rápidas, pero tras el cambio en la legislación española, esa cifra se ha multiplicado varias veces. Solo en los dos últimos años, se han incautado más de treinta embarcaciones. En España, en cinco años, el número de lanchas decomisadas llegó a casi 1.700 y la media anual aumentó más de diez veces.
En Galicia, en 2022, se registró un récord de 84 embarcaciones incautadas, aunque en 2024 esa cifra ya se redujo a nueve. Esto evidencia que los grupos delictivos se adaptan rápidamente a las nuevas condiciones y buscan rutas alternativas.
Cambios políticos y cooperación internacional
A pesar de las reiteradas peticiones de Madrid, Lisboa tardó mucho en imponer la prohibición. La causa fueron los frecuentes cambios de gobierno y la inestabilidad política. Solo con la llegada del nuevo gabinete, que apostó por la seguridad, la ley fue finalmente aprobada. Todas las formaciones de derechas votaron a favor, mientras que las de izquierdas se abstuvieron.
A diferencia de España, Portugal no prohibió completamente el uso privado de lanchas rápidas, pero sí exigió registrar su fabricación, posesión y desplazamiento. El incumplimiento de estas normas ahora se castiga con penas de hasta cuatro años de prisión. Las autoridades españolas consideran que incluso estas medidas pueden complicar gravemente el trabajo de los cárteles de la droga.
Posibles consecuencias y nuevos retos
El endurecimiento de las leyes portuguesas puede llevar a que las organizaciones criminales busquen nuevas rutas. Según expertos, parte del tráfico podría desplazarse hacia Francia, a la costa de Girona, o a Marruecos. Las autoridades de ambos países subrayan la importancia de la cooperación internacional y la coordinación de esfuerzos para combatir el narcotráfico marítimo.
Las agencias antidroga insisten en la necesidad de prohibir las lanchas rápidas en toda Europa. Solo así se podrá bloquear las oportunidades para las redes criminales, que se adaptan rápidamente a cualquier cambio legislativo. Portugal ha dado un paso importante, pero aún queda mucho por hacer para implementar las nuevas normas y reforzar el control en las fronteras.











