
Esta semana se desató un intenso debate en la Asamblea de Madrid: el partido Vox propuso prohibir completamente el uso del velo islámico en los espacios públicos, incluidas escuelas, hospitales y recintos deportivos. Sin embargo, la delegación regional del Partido Popular (PP) se opuso firmemente a esta iniciativa, considerándola contraria a la Constitución española y calificándola como un intento de manipular la opinión pública.
Aunque ambas fuerzas políticas coinciden en la necesidad de limitar el uso del burka y otras prendas que cubren el rostro por motivos de seguridad y respeto a la dignidad personal, el PP se negó a respaldar una prohibición general del hiyab. Representantes del partido subrayaron que la legislación vigente ya establece ciertas restricciones sobre este tipo de vestimenta en determinados casos, como en centros educativos o en instalaciones con requisitos especiales de identificación.
Durante el debate quedó claro que el PP no tiene intención de modificar el proyecto de ley propuesto por Vox y prefiere mantener una postura propia más equilibrada. El partido considera que este tipo de iniciativas puede generar una polarización excesiva en la sociedad y vulnerar el principio de libertad religiosa recogido en la legislación española. Al mismo tiempo, los representantes del PP recordaron que ya existen normas que regulan la apariencia en los espacios públicos y que no hacen falta restricciones adicionales.
Vox, por su parte, insiste en que el velo islámico no es un símbolo religioso, sino una herramienta de presión ideológica incompatible con los valores europeos y los derechos de las mujeres. El partido incluso ha establecido paralelismos entre el uso del hiyab y la exhibición de banderas palestinas en los centros educativos, lo que ha provocado una ola de críticas por parte de la izquierda madrileña.
A pesar de cierta coincidencia en las opiniones sobre el burka, entre ambos partidos persiste un profundo desacuerdo respecto a los métodos y el alcance de las restricciones. La presidenta regional aprovechó la ocasión para reprochar a Vox su afán de radicalizar el debate público y fomentar la tensión de manera artificial. Finalmente, el PP mantuvo su postura y se negó a respaldar la iniciativa, considerándola excesivamente categórica y alejada del espíritu democrático español.












