
Este año, España volvió a enfrentarse a grandes incendios forestales que afectaron regiones desde Andalucía hasta Galicia y Madrid. Aunque el número total de focos fue inferior al promedio de los últimos años, los daños resultaron considerablemente mayores. Las principales causas son la combinación de factores climáticos y cambios en la estructura de las zonas rurales.
La primavera de 2025 trajo lluvias abundantes, lo que favoreció el rápido crecimiento de hierba y arbustos en los bosques y campos. Sin embargo, ya en junio se establecieron temperaturas anómalamente altas y sequía, convirtiendo la vegetación fresca en material seco y altamente inflamable. Esta secuencia de fenómenos meteorológicos, que los expertos denominan salto hidrometeorológico, creó condiciones ideales para la aparición y rápida propagación del fuego.
En julio y agosto la temperatura del aire en algunas regiones superó los 40 grados y la humedad bajó del 30%. El viento favorecía la propagación de las llamas, mientras que el suelo seco y la abundancia de plantas muertas proporcionaban ‘combustible’ para los incendios. Como resultado, incluso pequeños focos se convertían rápidamente en grandes incendios forestales, amenazando tanto a áreas naturales como a zonas habitadas.
Los expertos señalan que en las últimas décadas el cuidado de los bosques y las zonas rurales ha disminuido notablemente. Antes, los habitantes locales utilizaban activamente los recursos forestales, lo que ayudaba a controlar el crecimiento de la vegetación. Ahora, muchas áreas quedan desatendidas, lo que favorece la acumulación de material seco y aumenta el riesgo de incendios de gran magnitud.
Otro problema es la expansión de la construcción de viviendas cerca de bosques y campos. Nuevas urbanizaciones y casas individuales se levantan a menudo directamente en los límites con zonas naturales, dificultando el trabajo de los bomberos. En caso de grandes incendios, la prioridad pasa a ser la protección de las personas y de la infraestructura, y no la lucha contra el fuego en el bosque, lo que incrementa la superficie afectada por las llamas.
Aunque este año la cantidad de incendios ha sido inferior a la media, su intensidad y rapidez de propagación preocupan seriamente a los especialistas. A su juicio, el cambio climático provocará que estas condiciones meteorológicas —veranos calurosos y secos tras primaveras lluviosas— sean cada vez más frecuentes. Esto significa que el riesgo de incendios devastadores en España continuará en aumento.
Para combatir el fuego de manera eficaz, los expertos proponen revisar los métodos de gestión de bosques y áreas rurales. Es fundamental crear cortafuegos, limpiar regularmente los bosques de ramas secas y matorrales, así como informar a la población sobre las normas de comportamiento en épocas de alto riesgo de incendio. Además, es necesario tener en cuenta las nuevas realidades climáticas al planificar la construcción y el desarrollo de las zonas rurales.
Los especialistas destacan que solo un conjunto de medidas a nivel estatal y local permitirá reducir el riesgo de incendios catastróficos en el futuro. Sin una labor activa de prevención y adaptación a las condiciones cambiantes, España podría enfrentarse a consecuencias aún más devastadoras de los desastres naturales.












