
A comienzos de la semana, el panorama político de España volvió a captar la atención: Carles Puigdemont, líder de Junts per Catalunya, anunció el fin de la colaboración con los socialistas. La decisión se tomó tras una reunión en Perpiñán, donde la cúpula del partido respaldó por unanimidad el paso a la oposición. Sin embargo, la última palabra la tendrán los militantes de Junts, cuyo parecer se tendrá en cuenta en una votación interna que se celebrará en los próximos días.
En los dos últimos años, el apoyo de Junts al gobierno de Sánchez ha sido más circunstancial que estable. Los catalanes han mostrado en varias ocasiones su independencia, bloqueando iniciativas clave como cuestiones presupuestarias y reformas en el ámbito sanitario. Ahora, el partido renuncia oficialmente a cualquier negociación sobre el presupuesto, lo que pone en riesgo la continuidad del gobierno.
Puigdemont justificó la ruptura por la falta de confianza y el incumplimiento de los acuerdos por parte de los socialistas. Según explicó, casi dos años de colaboración no han dado resultados tangibles y muchos asuntos importantes para Cataluña siguen sin resolverse. En particular, el líder de Junts expresó su descontento porque no se han publicado datos sobre los flujos financieros ni se han ejecutado proyectos de inversión en la región. Además, subrayó que algunos logros de los que se enorgullece el partido no están recogidos en acuerdos oficiales.
Un punto clave fue que Puigdemont acusó a los socialistas de ignorar las advertencias sobre una posible ruptura. Según él, el gobierno subestimó su vulnerabilidad y no prestó atención a las señales que Junts venía enviando durante casi dos años. Como ejemplo, recordó el fallido intento de someter a debate la cuestión de confianza a Sánchez, que fue bloqueado a instancias de un mediador internacional.
El factor catalán y los nuevos retos para Madrid
El paso de Junts a la oposición podría complicar seriamente la situación del gobierno. Sin el apoyo de los catalanes, los socialistas pierden la capacidad de sacar adelante los presupuestos y poner en marcha iniciativas clave. Puigdemont dejó claro que ahora el gobierno solo podrá ocupar sus cargos de forma formal, pero no será capaz de gobernar el país de manera efectiva.
Al mismo tiempo, en el propio parlamento catalán la influencia de Junts sigue siendo limitada. La mayoría la conforman los socialistas, Esquerra Republicana y las fuerzas de izquierda, lo que impide al partido de Puigdemont influir en la toma de decisiones a nivel regional. Sin embargo, el líder de Junts aprovecha la situación en Madrid para intensificar sus críticas al gobierno catalán, acusándolo de debilitar la posición del catalán y de ser incapaz de resolver los problemas de transporte y sociales.
En los próximos días se sabrá si la base del partido respalda la decisión de romper. Pero ya es evidente: el panorama político de España está cambiando y el país enfrenta nuevos desafíos.












