
La red ferroviaria de España vuelve a ser noticia: en la línea de alta velocidad entre Madrid y Valencia se ha impuesto de forma repentina una limitación de velocidad. Ahora, los trenes deben reducir la marcha a 160 km/h en un tramo de 1,8 kilómetros, en lugar de los habituales 300 km/h. La medida se adoptó tras los inquietantes avisos de un maquinista, que detectó fuertes golpes, peligrosos balanceos del convoy y varias irregularidades notables en los raíles. Especialmente preocupante fue un episodio con un brusco impacto y un «bamboleo» — término que los ferroviarios utilizan para describir un bamboleo peligroso del vagón.
La decisión de reducir la velocidad se tomó de inmediato, sin largas deliberaciones. Las instrucciones internas del operador de infraestructuras exigen responder al instante ante este tipo de avisos si hay riesgo para la seguridad. En esta ocasión se trataba de una «grave deformación de la vía», lo que automáticamente supone restricciones estrictas. Fuera de las zonas en riesgo, los trenes siguen circulando a máxima velocidad, pero en los tramos problemáticos solo se permite 160 km/h.
Tramos peligrosos
Las restricciones afectan simultáneamente a varios puntos entre las localidades de Villarrubia y Chiva-Bifurcación de Xátiva. En un segmento, el maquinista percibió un fuerte golpe; en otro, observó un balanceo preocupante; y entre Minglanilla y Caudete de las Fuentes el tren literalmente saltó sobre los raíles. Otro tramo — de tan solo 100 metros — resultó ser tan problemático que solo se permite circular por él a la velocidad más baja.
Las autoridades prometieron realizar una exhaustiva inspección nocturna de todos los tramos dañados. Solo después de esto será posible volver al régimen de velocidad habitual. Hasta entonces, los pasajeros deberán armarse de paciencia: en algunas rutas, los retrasos ya se han vuelto algo cotidiano.
Reacción en cadena
La situación en la línea Madrid-Valencia no es un caso aislado. En las últimas 24 horas, el operador de infraestructuras tomó tres veces la decisión de reducir la velocidad en diferentes trayectos de alta velocidad. Especialmente afectada resultó la línea Madrid-Barcelona, donde se implementaron restricciones a lo largo de un tramo de 150 kilómetros. El motivo fue una avalancha de reportes de incidencias enviada por maquinistas: solo en un día se registraron 25 avisos, la mayoría de parte de un mismo empleado.
Como resultado, en estaciones clave del país —Madrid-Atocha, Zaragoza-Delicias, Barcelona-Sants— los pasajeros experimentaron retrasos de hasta hora y media. Sin embargo, los horarios de los trenes no fueron modificados: los convoyes siguieron circulando, pero a menor velocidad de la habitual.
Factor humano
Las autoridades no lo ocultan: esta súbita oleada de advertencias por parte de los maquinistas está relacionada con recientes tragedias ferroviarias. Tras el incidente mortal en Adamuz, en el que falleció un conductor, muchos operadores comenzaron a actuar con extrema cautela. En el mismo periodo ocurrió otro accidente, esta vez en un tren Rodalies en Girona. Todo esto ha influido en el ánimo de los trabajadores y en su disposición a reportar cualquier sospecha sobre el estado de las vías.
El ministro de Transportes incluso sugirió que el elevado número de avisos se debía al estado emocional de los maquinistas tras las tragedias. Sin embargo, el operador de infraestructuras prefirió no correr riesgos e implementó las medidas más estrictas: reducción de la velocidad a 160 km/h en los tramos considerados especialmente peligrosos.
Revisiones y expectativas
Las restricciones no son permanentes. En cuanto los especialistas finalizan las inspecciones nocturnas y confirman la seguridad, los trenes recuperan su velocidad habitual. Así, en la línea Madrid-Barcelona, ya en la mañana del día siguiente se permitió alcanzar de nuevo los 300 km/h, salvo en cuatro tramos cortos donde el límite se mantuvo en 240 km/h.
No obstante, a las pocas horas se emitió una nueva orden de reducción de velocidad en otro tramo de la misma línea, entre los kilómetros 100 y 178. El motivo fueron nuevos avisos del mismo maquinista que ya había detectado irregularidades anteriormente.
¿Seguridad o pánico?
La situación plantea interrogantes: ¿dónde está el límite entre la precaución necesaria y el exceso de cautela? Por un lado, la seguridad de pasajeros y personal es la prioridad indiscutible. Por otro, las restricciones masivas y los retrasos pueden paralizar el tráfico y generar el descontento de miles de personas.
Por ahora, las autoridades ferroviarias de España optan por la máxima prudencia. Pero si continúan llegando alertas con tanta frecuencia, el país tendrá que buscar un equilibrio entre velocidad y seguridad. De lo contrario, los trenes de alta velocidad corren el riesgo de perder su principal ventaja: el tiempo.












