
En Barcelona concluyó un sonado juicio relacionado con la trágica historia de un hombre de 87 años que falleció en otoño de 2022. La causa de la muerte fue una forma metastásica de cáncer de próstata, diagnosticada por primera vez en 2003. El tribunal determinó que los servicios médicos de Cataluña (Institut Català de la Salut, ICS) no ofrecieron un control adecuado sobre el estado del paciente tras la recaída de la enfermedad, lo que llevó a este desenlace fatal.
La sentencia judicial obliga al ICS a abonar una indemnización de 74.718 euros a los familiares del fallecido. Durante el proceso se comprobó que, tras la reaparición del tumor en 2013, los médicos suspendieron los controles regulares ya a los cinco años. Además, aunque el hombre acudió varias veces a urgencias en el verano de 2022 por fuertes dolores, no se le realizaron los análisis necesarios para detectar una posible progresión oncológica.
La familia del fallecido acudió a los tribunales alegando que los médicos cometieron un grave error al darlo de baja prematuramente del seguimiento oncológico y dejar de controlar el nivel del antígeno prostático específico (PSA) ya en 2019. Los representantes de la aseguradora, que defendían al centro médico, sostuvieron que no era obligatorio realizar más pruebas debido a la edad y al estado estable del hombre. Sin embargo, el juez rechazó estos argumentos y señaló que el paciente seguía llevando una vida activa y acudía en repetidas ocasiones a los servicios médicos por diversos motivos.
El tribunal prestó especial atención al hecho de que, durante varios meses de 2022, el hombre acudió cinco veces a los servicios de urgencias por dolores de espalda cada vez más intensos, pero los médicos no ordenaron estudios adicionales que pudieran haber detectado el desarrollo de metástasis. Solo en septiembre, cuando su estado se deterioró bruscamente, se le realizó una resonancia magnética que reveló extensas lesiones óseas y un nivel de PSA extremadamente alto. Para ese momento, la enfermedad ya se encontraba en una fase avanzada.
En la decisión final, el juez recalcó que ninguna recomendación médica actual justifica la interrupción del seguimiento de un paciente con antecedentes oncológicos, especialmente si mantiene actividad y no presenta otras enfermedades graves. El tribunal concluyó que la falta de control llevó a la pérdida de la oportunidad de detectar la recaída de forma más temprana y, posiblemente, aliviar el sufrimiento en las últimas semanas de vida. La cuantía de la indemnización se redujo a la mitad respecto a lo solicitado inicialmente por la familia, ya que el tribunal consideró que la probabilidad de mejorar el desenlace era baja debido al diagnóstico tardío de la enfermedad.












