
En Catarroja, provincia de Valencia, la investigación sobre la gran tragedia que costó la vida a 230 personas toma un giro inesperado. La jueza Nuria Ruiz Tobarra ha decidido centrar las pesquisas en las acciones de los bomberos que abandonaron el puesto de vigilancia en el barranco del Poyo más de una hora antes de que el caudal de agua desbordara las orillas e inundara varias localidades. Este hecho se considera ahora clave en la cadena de sucesos que desembocaron en la catástrofe del 29 de octubre de 2024.
En su último auto, la jueza requiere al Consorcio Provincial de Bomberos un listado con los nombres de todos los efectivos que, por orden del Centro de Coordinación de Emergencias, controlaban el nivel del río Magro a su paso por Carlet y vigilaban el estado del barranco del Poyo en las zonas de Torrent, Picanya y Paiporta. La situación más dramática se vivió en Paiporta, donde la riada se cobró 55 víctimas mortales.
Interrogantes para los bomberos
La jueza planea citar a estos bomberos como testigos para esclarecer por qué abandonaron su puesto precisamente en el momento en que la situación podía volverse incontrolable. En el centro de la polémica están las declaraciones del exjefe de bomberos de Valencia, José Miguel Basset, jubilado pero que en abril aseguró que la vigilancia del barranco del Poyo se suspendió porque bajó el nivel del agua y el personal quería ir a comer. Los bomberos dejaron la zona de riesgo a las 15:00 y tan solo hora y media después el agua se desbordó en los municipios de Chiva y Cheste.
La jueza no se limitó solo a este episodio. En enero planea celebrar dos audiencias para interrogar a Basset bajo juramento. Su testimonio podría arrojar luz sobre la fundamentación de la decisión de abandonar el cargo y sobre quiénes son realmente responsables de este paso.
El papel de otros servicios
El tribunal también tomó en consideración a otros implicados en los hechos. La jueza solicitó al Ministerio de Medio Ambiente un informe sobre la actuación de los inspectores ecológicos el día de la tragedia. Sus acciones también generan interrogantes: según los servicios de emergencia, su ayuda fue solicitada con antelación, pero las autoridades autonómicas negaron el apoyo.
Además, la jueza exige a la Confederación Hidrográfica del Júcar el listado de todos los inspectores fluviales que trabajaron ese día en Valencia, así como un informe detallado sobre los tramos de río que estuvieron bajo su control. Esto permitirá determinar si existía la posibilidad de evitar la catástrofe o, al menos, de minimizar sus consecuencias.
Retraso en la alerta
Paralelamente continúa la investigación sobre la alerta masiva Es Alert, destinada a avisar a la población sobre el peligro inminente. La jueza sostiene que la señal de alarma fue enviada demasiado tarde — a las 20:11, cuando la mayoría de los desaparecidos ya habían fallecido. Para aclarar todos los hechos, vuelve a citar al especialista técnico encargado del envío de las notificaciones, quien ya declaró en mayo, pero ahora el tribunal exige explicaciones adicionales.
Esta historia no es solo una sucesión de trámites burocráticos. Está en juego la confianza en el sistema de emergencia y en quienes debían proteger a la gente. ¿Por qué los bomberos se retiraron justo cuando su presencia era crucial? ¿Por qué la alarma sonó cuando ya era demasiado tarde? Estas preguntas las buscan responder no solo los tribunales, sino todo el país.












