
En Valencia se celebró una ceremonia de despedida por las víctimas de la reciente tragedia, que inesperadamente se convirtió en catalizador de una crisis política dentro de la sección regional del Partido Popular (PP). El ambiente durante el acto estuvo cargado de tensión: las emociones de los familiares de las víctimas se manifestaron en fuertes reproches dirigidos a las autoridades autonómicas. Como consecuencia de este episodio, la posición de Carlos Mazón, presidente del gobierno de la Comunidad Valenciana, ha quedado seriamente amenazada.
En la sala estaban presentes las principales figuras del partido, incluido Alberto Núñez Feijóo, que presenció lo sucedido a tan solo unas filas de distancia de Mazón. Para muchos integrantes del PP, ese día fue una verdadera prueba. Por primera vez en mucho tiempo, la élite del partido se enfrentó a un descontento abierto no solo por parte de la sociedad, sino también desde sus propias filas.
Presión interna y el papel de los aliados
Tras la ceremonia, en el partido comenzaron intensos debates sobre el futuro de Mazón. Muchos miembros influyentes del PP están convencidos de que su salida es solo cuestión de tiempo. Sin embargo, la situación se complica por el hecho de que Mazón ostenta el cargo de presidente regional gracias al apoyo de Vox. Cualquier intento de relevar al líder requiere el visto bueno de este socio, y desde Vox, por el contrario, han salido en férrea defensa del actual presidente. Esto ha generado una tensión añadida entre ambas fuerzas políticas, que de por sí ya mantienen una relación difícil.
En los últimos días, Feijóo ha dado pasos para controlar la situación, instando a Mazón a dar explicaciones en las comisiones parlamentarias sobre su actuación el día de la tragedia. A pesar de ello, dentro del partido crece la convicción de que la continuidad de Mazón en el cargo podría costarles el poder en la región. Se baraja la opción de adelantar elecciones, aunque genera inquietud: incluso con pronósticos favorables, nadie puede garantizar el mantenimiento de la mayoría.
Expectativa de cambios e incertidumbre
Por ahora, Mazón no ha anunciado su intención de dimitir, aunque su entorno reconoce que la situación es sumamente complicada. En los próximos días tendrá que comparecer en varias audiencias parlamentarias donde deberá responder a preguntas incómodas. En el PP reina un clima de espera: muchos asumen que los cambios son inevitables, pero nadie se atreve a predecir cuándo se producirán.
El funeral en Valencia no fue solo un acto de luto, sino el inicio de una nueva etapa de lucha política en la región. El futuro de Mazón y la estabilidad de la coalición siguen en el aire, mientras la tensión interna en el partido va en aumento. Las próximas semanas serán claves para saber si la dirección del PP logra salir de la crisis o si la región enfrentará nuevas turbulencias.












