
En Estados Unidos, la práctica de añadir flúor al agua potable existe desde hace casi 80 años. Se creía que este elemento ayudaba a reducir la prevalencia de caries entre la población. Sin embargo, en los últimos años han aumentado las preocupaciones sociales: ¿puede el flúor perjudicar el desarrollo cognitivo de los niños o afectar la salud de los adultos? Un nuevo estudio de gran escala realizado por científicos estadounidenses ha zanjado el debate, desmintiendo las preocupaciones anteriores.
Durante cuatro décadas, los especialistas siguieron la evolución de decenas de miles de personas para averiguar cómo influye el consumo regular de agua fluorada en las capacidades mentales. El análisis de los datos de casi 27.000 participantes no encontró ningún efecto negativo del flúor sobre la inteligencia, la memoria u otras funciones cognitivas. Es más, quienes recibieron flúor en el agua durante la infancia obtuvieron resultados incluso superiores en los test en comparación con aquellos que no tuvieron esa experiencia.
Seguimiento a largo plazo y metodología de la investigación
La investigación fue dirigida por el profesor de sociología John Robert Warren de la Universidad de Minnesota. Su equipo utilizó una base de datos única, creada ya en la década de 1980 con el apoyo del Departamento de Educación de EE. UU. Los científicos cruzaron la información sobre el lugar de residencia de los participantes con datos oficiales sobre el contenido de flúor en el agua potable, proporcionados por el Departamento de Salud y el Servicio Geológico de EE. UU.
Para asegurar la validez del experimento, los investigadores asumieron que los niños residieron cerca de sus escuelas durante toda su infancia. Los participantes se dividieron en tres grupos: aquellos que recibieron fluoruro de forma continua, parcialmente o que no estuvieron expuestos a él. Luego, se compararon sus resultados en matemáticas, lectura y vocabulario, así como la evolución de sus capacidades cognitivas a lo largo de los años.
Resultados: el flúor no reduce la inteligencia
El análisis reveló que los niños que consumieron agua fluorada al menos durante parte de su infancia obtuvieron mejores resultados en los exámenes durante la educación secundaria en comparación con quienes no recibieron fluoruro. La ventaja fue aún más significativa en quienes bebieron agua fluorada durante toda su infancia. Además, en ninguno de los grupos se detectó un deterioro de las funciones cognitivas con la edad: las pruebas se realizaron hasta 2021, momento en que muchos participantes tenían 60 años.
Los autores del estudio destacan que investigaciones anteriores utilizadas por los opositores a la fluoración a menudo se centraban en exposiciones a dosis excesivamente altas de fluoruro, poco representativas de los sistemas de agua potable habituales. El nuevo estudio abarca las condiciones reales de vida de millones de estadounidenses y no identificó riesgos para la salud.
Debate público y argumentos científicos
A pesar de la sólida evidencia científica, el debate sobre la fluoración del agua sigue vigente. En los últimos años, se han publicado en medios de comunicación y redes sociales artículos que advierten sobre el supuesto efecto negativo del fluoruro en el desarrollo cerebral de los niños, especialmente если las futuras madres consumen agua con un alto contenido de este elemento. Sin embargo, los autores del nuevo estudio señalan que esas conclusiones se basan en datos limitados y, con frecuencia, incorrectos.
En Estados Unidos, la fluoración del agua se considera uno de los mayores logros en salud pública. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades han incluido esta práctica entre las medidas más importantes para mejorar la salud de la población. A pesar de ello, una parte de la sociedad sigue exigiendo la revisión de los estándares y un control más estricto del contenido de fluoruro en el agua potable.
Por cierto: ¿quién es John Robert Warren?
El profesor John Robert Warren es uno de los principales expertos en sociología de la educación y demografía en Estados Unidos. Trabaja en la Universidad de Minnesota y lidera varios programas de investigación de gran escala que estudian la influencia de factores sociales y ambientales en el desarrollo personal. Warren es conocido por sus estudios sobre trayectorias educativas y movilidad intergeneracional. Sus investigaciones han sido objeto de debate en la comunidad científica y se han utilizado en la elaboración de políticas educativas en el país. Gracias a su trabajo, se ha hecho posible el seguimiento a largo plazo de la salud y el éxito de los graduados de las escuelas estadounidenses, lo que ha permitido obtener datos únicos sobre el impacto de diversos factores en el desarrollo humano.












