
Muchos notan que, a medida que uno envejece, las semanas, los meses e incluso los años pasan más rápido. De niños, un solo día parecía interminable, pero hoy un año entero puede transcurrir casi inadvertido. No se trata solo de una sensación subjetiva: los científicos llevan tiempo investigando por qué la percepción del tiempo cambia con la edad y cómo es posible influir en este proceso.
Исследования показывают: дело не в том, что время действительно ускоряется, а в особенностях работы нашего мозга и накопленном опыте. Сердечный ритм, насыщенность событий, даже привычки — все это влияет на то, как мы ощущаем течение жизни. Понимание этих механизмов помогает не только объяснить феномен, но и найти способы замедлить субъективный ход времени.
Infancia y adultez
En los primeros años, cada día está lleno de descubrimientos. Para un niño, un año es un período enorme, repleto de nuevas impresiones, emociones y vivencias. El cerebro registra cada pequeño detalle, generando recuerdos vívidos. Con la edad, la vida se vuelve más predecible y los días parecen repetirse. Un adulto se enfrenta con menor frecuencia a algo verdaderamente nuevo, por lo que el cerebro deja de crear múltiples “anclas de memoria”.
Los psicólogos señalan que precisamente la intensidad de experiencias y la novedad hacen que el tiempo parezca más largo subjetivamente. Cuando los días están marcados por la rutina, el cerebro ahorra recursos y no registra los detalles. Como resultado, el pasado parece más corto y los años se sienten comprimidos. En 2023, científicos húngaros confirmaron que los niños perciben los periodos llenos de eventos como más largos, mientras que los adultos tienden a “pasar por alto” rápidamente los intervalos vacíos.
Cerebro y percepción
Con la edad, las conexiones neuronales se vuelven más complejas y el procesamiento de la información se ralentiza. El profesor Adrian Bejan propuso la hipótesis de que el cerebro adulto genera menos “fotogramas” mentales por segundo que el de un niño. Es similar a un vídeo con baja frecuencia de cuadros: los eventos parecen pasar más rápido porque hay menos detalles entre ellos.
Cuantas menos experiencias nuevas, más corto parece el tiempo pasado. Es como si el cerebro “comprimiera” los recuerdos, dejando solo los momentos más importantes. Por eso los eventos intensos —viajes, nuevos encuentros, actividades inusuales— hacen que la vida se sienta subjetivamente más larga. No solo importa la cantidad de eventos, sino también el grado de implicación: si estás completamente inmerso en lo que sucede, el cerebro registra más detalles.
Corazón y ritmo
No solo el cerebro, sino también el cuerpo influye en la percepción del tiempo. El psicólogo Adam Anderson de la Universidad de Cornell descubrió que la duración de los ciclos cardíacos está directamente relacionada con cómo percibimos la duración de los sonidos y las pausas. Un pulso lento extiende el tiempo subjetivo, mientras que un ritmo cardíaco acelerado lo comprime.
Esto explica por qué en momentos de estrés o nerviosismo el tiempo parece escaparse, y en calma pasa más despacio. Ejercicios simples de respiración y concentrarse en los latidos del corazón ayudan a devolver la atención al momento presente y ralentizar el ritmo interno. Incluso una breve pausa, cerrando los ojos y escuchando la respiración, puede cambiar la percepción del tiempo.
Prácticas para ralentizar el tiempo
Para recuperar la sensación de plenitud en la vida, los psicólogos recomiendan cambiar con más frecuencia las rutas habituales, probar nuevos sabores, dedicarse a la creatividad o al deporte. Cualquier novedad es un poderoso estímulo para el cerebro, que empieza a captar más detalles. Incluso pequeños cambios en la rutina diaria pueden hacer que los días sean más memorables.
Otra opción es la atención plena. Cuando estás completamente presente en el momento, percibiendo olores, sonidos, sensaciones, el tiempo deja de escaparse. Las prácticas de meditación, ejercicios de respiración y la simple observación del entorno ayudan a ralentizar la percepción interna del tiempo. Lo importante no es intentar controlar el tiempo, sino aprender a estar aquí y ahora.










