
A medida que envejecemos, mantener una buena forma física se convierte en un factor clave para preservar una alta calidad de vida y longevidad. En España, cada vez más personas mayores de 50 años descubren el yoga como una herramienta eficaz para fortalecer la salud. Esta antigua práctica, accesible a cualquier edad y nivel de condición física, ayuda a mejorar la flexibilidad, desarrollar la fuerza y mantener el equilibrio, aspectos que influyen directamente en la actividad diaria y el bienestar general.
La práctica regular de yoga aporta beneficios notables no solo al cuerpo, sino también a la mente. Quienes la practican observan una reducción del estrés, una mejora en la calidad del sueño y un aumento general de la vitalidad. Además, especialistas confirman el efecto terapéutico del yoga en condiciones como artritis, diabetes y esclerosis múltiple. El experto en longevidad, Gonzalo Ruiz Utrilla, recomienda a los principiantes, especialmente en edad avanzada, practicar bajo la supervisión de instructores experimentados. Esto garantiza la correcta ejecución de las asanas y ayuda a evitar lesiones, haciendo que la práctica sea lo más segura y beneficiosa posible.
Para quienes desean iniciarse en el yoga, existen varias posturas básicas y accesibles que se pueden aprender. Aquí presentamos cuatro de ellas:
1. Postura de la montaña (Tadasana). Esta es una postura fundamental que se realiza de pie. Hay que mantenerse erguido, con los pies firmemente apoyados en el suelo, las rodillas ligeramente flexionadas y los hombros hacia atrás. Esta posición mejora la circulación sanguínea, ayuda a aliviar los dolores de espalda y descarga la columna vertebral. La asana contribuye a restablecer la conexión entre la mente y el cuerpo, y es un excelente punto de partida para entrenar el equilibrio de manera segura.
2. Postura del niño (Balasana). Para realizar esta postura, hay que arrodillarse y luego inclinar el torso hacia adelante, apoyando la frente sobre la esterilla. Los brazos pueden extenderse hacia adelante o colocarse a lo largo del cuerpo. La postura del niño alivia eficazmente la tensión en hombros y espalda, estira los músculos de los muslos, tobillos y pantorrillas. Proporciona una sensación inmediata de calma y ayuda a combatir el cansancio y el estrés.
3. Postura del árbol (Vrikshasana). Esta postura de equilibrio se realiza de pie. Un pie debe colocarse sobre la cara interna del muslo opuesto y luego levantar los brazos hacia arriba uniendo las palmas. El ejercicio no solo entrena el equilibrio físico y la estabilidad, sino que también mejora la concentración. Para principiantes, se recomienda utilizar un apoyo, como una pared o una silla.
4. Postura del gato (Marjaryasana). La posición inicial es a cuatro apoyos, con las palmas y las rodillas en el suelo. Se debe arquear suavemente la espalda hacia arriba y luego volver a la posición neutral. Este movimiento fortalece los músculos de la espalda, mejora la postura y alivia la tensión en la zona lumbar. La postura resulta especialmente útil para quienes pasan mucho tiempo sentados.
Para que la práctica de yoga después de los 50 años sea segura, es fundamental seguir algunas reglas sencillas. Es recomendable empezar de forma gradual, con sesiones cortas de 20 a 30 minutos dos o tres veces por semana. Es importante escuchar al propio cuerpo y detener el ejercicio de inmediato si aparece dolor o incomodidad. Acompañar los movimientos con una respiración lenta y profunda ayuda a maximizar los beneficios de la práctica, favoreciendo la relajación y la oxigenación del organismo.
Además de los beneficios físicos, el yoga tiene un profundo impacto en el estado emocional. Contribuye a alcanzar la calma interior, ayuda a gestionar la ansiedad y mantiene una actitud positiva, lo cual es un aspecto esencial para un envejecimiento saludable.












