
En España actualmente funcionan más de cuatrocientos túneles para automóviles, distribuidos por todo el país. Uno de los primeros fue el túnel en el puerto de Lizarraga, construido a mediados del siglo XIX para conectar dos zonas de Navarra: Tierra Estella y La Barranca.
La historia de los túneles para el tráfico de vehículos se remonta a tiempos antiguos. Por ejemplo, en las cercanías de Nápoles, en la zona de Pansilippo, se conserva una carretera romana construida en el año 36 a.C. Su longitud alcanza 1,5 kilómetros, lo que la convierte en una de las infraestructuras de este tipo más antiguas de Europa.
En cuanto a los túneles más largos de España, el de mayor extensión es el de Somport, inaugurado en 2003. Su longitud total es de 8,6 kilómetros; sin embargo, solo cinco de ellos se sitúan en territorio español, mientras que el resto pertenece a Francia.
Entre los túneles más singulares del país destaca el paso en la isla de La Palma, ubicado en la carretera LP-3. Los habitantes y las autoridades locales lo llaman el “túnel del tiempo”. Este nombre se debe al brusco cambio de las condiciones meteorológicas al cruzarlo: los conductores pueden entrar en una zona de niebla y lluvia y salir bajo un cielo despejado y soleado.
Este fenómeno se explica por un efecto conocido como el efecto Föhn. Según el Instituto Geográfico Nacional, ocurre cuando el aire húmedo y cálido asciende por la ladera de una montaña, se enfría, forma nubes y precipitaciones, y luego, al descender por el lado opuesto, se calienta y se vuelve seco. Como resultado, en un lado del túnel prevalece un clima húmedo y fresco, mientras que en el otro es seco y cálido.
Contrastes climáticos similares se observan en zonas montañosas, donde el relieve favorece cambios bruscos de tiempo. El túnel de La Cumbre en La Palma se hizo conocido gracias a un vídeo que se volvió popular en redes sociales, mostrando de forma clara esta inusual transición entre dos zonas climáticas.
Los túneles españoles no solo facilitan la conexión de transporte, sino que también se han convertido en objeto de interés para turistas e investigadores, gracias a sus características singulares y su valor histórico.












