
En pleno corazón de la sierra de Albarracín, donde el tiempo parece haberse detenido, se esconde una de las rutas de senderismo más impresionantes de España. La provincia de Teruel, a menudo eclipsada por destinos turísticos más conocidos, ofrece a los viajeros una experiencia única. Entre paredes verticales esculpidas durante milenios y puentes colgantes sobre aguas esmeralda, discurre un sendero que se ha convertido en auténtico punto de referencia para los amantes del turismo activo y la naturaleza virgen.
Se trata de la ruta circular del Barranco de la Hoz (Ruta del Barranco de la Hoz), que parte de las inmediaciones del municipio de Calomarde. Este itinerario está considerado como uno de los más fotogénicos y bellos del país, y no es para menos. El recorrido combina el carácter de una pequeña aventura con la contemplación de paisajes de un valor natural excepcional, donde la geología y el río han creado un entorno verdaderamente espectacular.
A pesar de sus vistas increíbles y una dificultad que parece alta a simple vista, la ruta resulta sorprendentemente accesible. Su recorrido tiene una longitud de unos 8,5 kilómetros, que se pueden realizar tranquilamente en unas dos horas y media. El desnivel acumulado es de apenas 160 metros y el bajo grado de dificultad hace de este paseo una opción ideal para familias o para quienes se inician en el senderismo, sin renunciar a emociones intensas.
El recorrido comienza en las afueras del pueblo, donde un amplio sendero avanza junto a altos acantilados rocosos, refugio de buitres. Poco a poco, el camino se estrecha y se adentra en el desfiladero; aquí empieza lo más emocionante. Los excursionistas deben cruzar pasarelas metálicas, escaleras y pequeños puentes firmemente anclados a la propia roca. Esta obra de ingeniería permite superar los tramos más angostos del cañón sin tener que pisar el río.
Durante la caminata se descubren formaciones naturales únicas, como la Peña Moricacho y la Cueva de las Albardas. Sin embargo, el punto culminante del recorrido es, sin duda, el paso por el Cañón de los Arcos. En esta zona, las paredes del desfiladero se estrechan tanto que casi se juntan sobre la cabeza, y el único camino posible es una pasarela suspendida que flota sobre el cauce del río Blanco. La experiencia al atravesar este tramo es, sencillamente, inolvidable.
Tras superar la parte más estrecha del cañón, el sendero vuelve a ser tranquilo y se ensancha, bordeando la orilla cubierta de vegetación frondosa. Conduce hasta antiguas infraestructuras hidráulicas, como el Molino de las Pisadas, que suele ser el punto donde se inicia el regreso. El camino de vuelta puede realizarse por la parte superior del desfiladero, desde donde se obtienen vistas panorámicas de la profunda grieta creada por el río, permitiendo contemplar el recorrido desde una perspectiva completamente diferente.
La ruta está perfectamente señalizada y es accesible durante todo el año, lo que la convierte en uno de los principales atractivos turísticos de Teruel. Este sendero no es solo un paseo, sino una auténtica inmersión en un mundo donde la naturaleza muestra tanto su fuerza creativa como destructiva, moldeando paisajes singulares e increíblemente hermosos.
Cabe destacar que la Sierra de Albarracín es una cordillera que forma parte del Sistema Ibérico, situada en la frontera entre Aragón y Castilla-La Mancha. Esta región tiene una gran importancia hidrológica, ya que en ella nacen ríos tan importantes como el Tajo y el Júcar. La zona es famosa por sus extensos pinares y sus singulares paisajes kársticos, incluyendo formaciones rocosas emblemáticas. Gracias a su riqueza natural y biodiversidad, una parte significativa de su territorio goza de la condición de espacio natural protegido.












