
La instalación de nuevos radares fijos en Burgos ha supuesto un auténtico reto para los conductores locales. Ahora, el control de velocidad abarca ambos sentidos de circulación y los dispositivos pueden desplazarse entre distintos puntos de la ciudad. No se trata simplemente de otra medida de seguridad: es un cambio total en la estrategia para combatir el exceso de velocidad en las calles urbanas.
Los conductores que estaban acostumbrados a detectar las ubicaciones tradicionales de las cámaras, ahora se enfrentan a una situación en la que anticipar una multa se vuelve prácticamente imposible. El nuevo sistema no deja escapatoria: cualquiera que decida exceder el límite corre el riesgo de ser detectado, sin importar el sentido de circulación.
Tecnología y capacidades
Los radares instalados en Burgos cuentan con tecnología Doppler de última generación, que permite medir con precisión la velocidad de los vehículos incluso en tráfico denso. Estos equipos pueden vigilar simultáneamente varias carriles y direcciones, lo que incrementa considerablemente la eficacia en la detección de infracciones.
A diferencia de las cámaras tradicionales, que solo controlaban un solo sentido, los nuevos dispositivos cubren toda la calzada. Este enfoque no solo aumenta el número de casos detectados de exceso de velocidad, sino que también permite procesar los datos de forma ágil, acelerando la emisión de multas.
Se ha puesto especial atención en las zonas con tráfico intenso y alta siniestralidad. Las cámaras se han instalado en la avenida Caja Círculo y en la zona de El Plantío, lugares donde la velocidad suele ser la causa de muchos accidentes. Aquí los límites son más bajos que en las autovías y el flujo de vehículos es constantemente elevado.
Flexibilidad y estrategia
La principal característica del nuevo sistema es su movilidad. Aunque en la ciudad solo hay dos radares, se han preparado cuatro cabinas fijas para ellos. Esto significa que los dispositivos pueden desplazarse entre distintos puntos, y los conductores nunca saben con certeza dónde se encuentra la cámara en ese momento.
Este enfoque obliga a los automovilistas a respetar los límites de velocidad a lo largo de toda la ruta y no solo en los puntos considerados tradicionalmente peligrosos. Como resultado, según las autoridades municipales, no solo disminuyen las infracciones, sino también la siniestralidad general.
El coste de implantación del nuevo sistema ha ascendido a 90 909 euros, incluyendo gastos de mantenimiento e infraestructura. Para la ciudad es una inversión en seguridad y, para los conductores, un motivo más para reflexionar sobre las consecuencias del exceso de velocidad.
Resultados y perspectivas
Desde el inicio de los nuevos radares en Burgos, no se contempló un periodo de adaptación: las multas comenzaron a emitirse de inmediato. Esta medida estricta responde a la necesidad de influir rápidamente en el comportamiento de los conductores y prevenir accidentes en las zonas de mayor riesgo.
Según los datos del año pasado, las cámaras fijas en la ciudad registraron más de 5.250 casos de exceso de velocidad, mientras que las cámaras móviles detectaron otros 1.447 infracciones. En 229 controles móviles se inspeccionaron casi 30.000 vehículos, prestando especial atención a las calles con límite de 30 km/h, sobre todo cerca de escuelas y zonas peatonales.
Se espera que con la incorporación de nuevos dispositivos aumente el número de multas. Muchos conductores al principio no entenderán que la cámara capta en ambas direcciones y pueden caer en la costumbre de reducir la velocidad solo frente al radar. Ahora, esa estrategia ya no servirá: la vigilancia será total.
Impacto en la ciudad
La instalación de los nuevos radares forma parte de un amplio programa para reducir la siniestralidad, puesto en marcha por el ayuntamiento y la policía local. Las autoridades están convencidas de que solo un control estricto e impredecible puede cambiar el comportamiento de los conductores y hacer las calles más seguras.
Junto con la instalación de las nuevas cámaras, continúa la labor de informar a la población sobre la necesidad de respetar los límites de velocidad. Se pone especial énfasis en las zonas con alta concentración de peatones y niños, donde incluso un pequeño exceso puede tener consecuencias fatales.
Aún es pronto para hablar de resultados a largo plazo, pero las primeras semanas han demostrado que los conductores se muestran más prudentes y el número de infracciones en las áreas controladas por los nuevos radares ha bajado notablemente. Sin embargo, como señalan los expertos, solo el tiempo dirá si esto se traduce en una reducción real de los accidentes.
En Burgos, la introducción de radares innovadores se ha convertido en uno de los temas más comentados de los últimos meses. Esta ciudad, situada en la comunidad autónoma de Castilla y León, es reconocida por su enfoque en la seguridad vial. La policía local está implementando de manera activa tecnologías modernas para hacer las calles más seguras para todos los usuarios. Los nuevos radares, capaces de detectar infracciones en ambos sentidos y desplazarse entre distintos puntos, se han transformado en símbolo de cambio y ejemplo para otras ciudades de España que buscan reforzar el control en las carreteras.












