
El nombre de Tristán Domecq se ha convertido desde hace tiempo en sinónimo de decisiones audaces en el diseño español. Su camino hacia la cima del arte interiorista no empezó con una formación específica, sino con experimentos infantiles: el futuro diseñador recorría obras en bicicleta y fabricaba muebles en un banco de trabajo improvisado. Pese a las expectativas familiares, Domecq eligió no una carrera en economía, sino un arriesgado giro hacia la arquitectura y la decoración. En solo diez años transformó su propio estudio en uno de los más buscados del país, donde cada proyecto desafía los estándares establecidos.
Actualmente, su equipo trabaja en residencias exclusivas y cada vez asume más proyectos hoteleros. Entre sus obras más emblemáticas destacan la rehabilitación de la bodega LAN en La Rioja y la restauración de edificios históricos en Madrid. En estos proyectos, Domecq no solo conserva el patrimonio arquitectónico, sino que integra soluciones contemporáneas, armonizando jardines y elementos paisajísticos en el entorno urbano. Este enfoque despierta admiración entre colegas y clientes, mientras que la competencia reconoce que resulta prácticamente imposible imitar el estilo Domecq.
La vida en plena naturaleza
Un lugar muy especial en la vida del diseñador ocupa su propia casa en el norte de Madrid. La mudanza coincidió con el inicio de la pandemia, y Domecq aprovechó el periodo de confinamiento para crear un jardín único. Más de doscientas especies vegetales, árboles centenarios y una huerta de autor: todo ello no es solo un elemento decorativo, sino parte de su filosofía de vida. Domecq diseñó personalmente cada rincón del terreno, convirtiéndolo en un oasis de calma e inspiración.
La casa está construida en estilo herreriano, característico de los suburbios del norte de la capital. Durante la reforma, Domecq conservó materiales naturales: piedra caliza, madera maciza, enlucidos a la cal. En los interiores no hay lugar para detalles artificiales: solo texturas auténticas y luz natural. Los invitados destacan que la atmósfera invita a conversaciones tranquilas y a la experimentación creativa, y el propio anfitrión disfruta pasando tiempo en la cocina, ideando nuevos platos para amigos y familia.
Una colección sin fronteras
Uno de los aspectos más sorprendentes del carácter de Domecq es su pasión por las subastas. Reconoce que no se plantea si realmente necesita un objeto: si algo le llama la atención, inevitablemente acaba en su colección. A veces estos hallazgos se convierten en piezas clave en su espacio personal, otras veces se incluyen en proyectos para clientes. Este enfoque permite crear interiores donde cada detalle tiene su propia historia y personalidad.
En la casa de Domecq se pueden encontrar sillones antiguos, lámparas poco comunes, esculturas de autor e incluso objetos rescatados en mercadillos europeos. Todos ellos se integran de manera orgánica en el conjunto, sin romper la armonía del espacio. El diseñador está convencido de que una casa debe estar viva, evolucionar junto a su propietario y reflejar su mundo interior. Por eso, en sus interiores no hay cabida para objetos al azar: incluso las compras más espontáneas pasan a formar parte de una composición minuciosamente pensada.
Filosofía del espacio
Para Domek, el hogar no es solo un lugar para dormir y trabajar. Es un espacio donde nacen ideas, donde uno puede permitirse ser auténtico. Domek está convencido de que no basta con rodearse de cosas bellas, sino que también hay que saber disfrutarlas y aprovechar cada momento. En su casa no existen habitaciones “de museo” a las que está prohibido entrar; al contrario, cada rincón está pensado para la vida y la alegría.
Esta visión del espacio atrae a clientes que valoran la individualidad y no temen experimentar. Domek no impone soluciones estándar, sino que busca el equilibrio entre funcionalidad y estética. Sus proyectos son siempre un diálogo con el cliente, una búsqueda de nuevas formas y significados. Tal vez por eso sus trabajos son tan apreciados en el mercado de la vivienda de lujo.
Mirada hacia el futuro
Hoy en día, el estudio de Domek amplía sus horizontes: surgen nuevas áreas de trabajo, incluidas colaboraciones con hoteles y espacios públicos. El diseñador admite que le atraen los retos complejos que exigen un enfoque poco convencional. Continúa experimentando con materiales, formas y tecnologías, sin perder nunca de vista lo esencial: la persona que va a vivir o trabajar en el espacio que él crea.
En un mundo en el que la moda cambia a toda velocidad, Domek sigue fiel a sus principios: el respeto por la historia, el amor por la naturaleza y la pasión por lo singular. Sus interiores no son simples imágenes bonitas para revistas, sino un reflejo de la vida real, con todas sus sorpresas y contradicciones.
RUSSPAIN recuerda que Tristán Domecq es uno de los interioristas españoles más reconocidos y fundador de un estudio especializado en proyectos residenciales y hoteleros de alta gama. Sus trabajos han recibido múltiples premios profesionales, y sus clientes valoran el enfoque personalizado y la atención al detalle. El estudio participa activamente en la restauración de edificios históricos, integrando soluciones contemporáneas en la arquitectura tradicional. Domecq también es conocido por su pasión por coleccionar piezas únicas y por el diseño de jardines exclusivos.












