
El nombre de José María Cano está intrínsecamente ligado para millones de españoles a la mítica banda Mecano, símbolo de la escena musical de los años 80. Sin embargo, tras el descanso indefinido del grupo en 1992, uno de sus fundadores prácticamente desapareció del ojo público. No solo se retiró de los escenarios, sino que dio un giro radical a su carrera, pasando de ídolo pop a convertirse en uno de los artistas contemporáneos más cotizados, llevando una vida envuelta en misterio y lejos de los focos.
Hoy Cano es, ante todo, un pintor que firma sus obras bajo el seudónimo de Cano de Andrés. Su aventura en el arte comenzó tras un duro y mediático divorcio de la modelo Marta Gómez en 2002, episodio ampliamente cubierto por la prensa debido a la disputa por la custodia de su hijo Dani. Quizás esta crisis personal fue el detonante de su transformación creativa. Cano eligió la compleja y ancestral técnica de la encáustica —pintura realizada con ceras— para expresarse. Sus obras abordan temas incómodos: desde los derechos humanos hasta el cínico mundo de las grandes finanzas. Una de sus series más reconocidas es “The Wall Street 100”, compuesta por retratos monumentales de figuras influyentes a nivel mundial.
El éxito comercial no tardó en llegar. Las pinturas de Cano se venden en prestigiosas subastas por sumas astronómicas. Una de sus obras, por ejemplo, fue adjudicada en Sotheby’s Hong Kong por casi 356 mil euros, consolidando definitivamente su posición en el panorama artístico internacional. Ya no se trata de un pasatiempo de una exestrella pop, sino de un negocio serio y de un reconocimiento global.
El lujoso estilo de vida del artista está a la altura de sus ingresos. Cano posee una impresionante colección de propiedades repartidas por toda Europa. Sus residencias no son simples apartamentos caros, sino verdaderos palacios históricos. Entre ellas se encuentra una famosa mansión en Londres que, según la leyenda, inspiró la creación de «Peter Pan», el majestuoso palacio de San Vicente de Fora en Lisboa, y otra finca en Malta. A pesar de ello, sigue considerando como su base principal la casa en el exclusivo suburbio madrileño de Pozuelo de Alarcón. La música, al parecer, quedó atrás, aunque en el año 2000 lanzó un álbum en solitario dedicado a su hijo, un raro recordatorio de su talento musical.












