
En la provincia de Burgos, en pleno corazón de la comunidad autónoma de Castilla y León, se encuentra una de las fortalezas medievales mejor conservadas de España. Este enclave histórico, estrechamente vinculado a la legendaria figura de Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como El Cid Campeador, constituye un singular monumento arquitectónico que ha resistido el paso de los siglos y los cambios de propietarios.
Se trata del Castillo de Sotopalacios (Castillo de Sotopalacios), conocido también como Palacio del Cid (Palacio del Cid). La mayor parte de sus edificaciones datan de los siglos XIV y XV. La tradición local sostiene que en este lugar se levantó la casa solariega donde nació el célebre noble castellano. Sin embargo, hasta la fecha no existen documentos que lo acrediten. Aun así, investigaciones históricas señalan que la familia Díaz de Vivar tuvo realmente tierras y propiedades muy cerca de aquí, incluyendo molinos en el río Ubierna (río Ubierna).
El castillo presenta una planta cuadrada típica de la época, con torres en las esquinas y un patio central alrededor del cual se distribuían las dependencias residenciales y de servicio. Con el transcurso de los siglos, la fortaleza pasó a manos de influyentes linajes aristocráticos como los Manrique de Lara (Manrique de Lara), Padilla (Padilla), Lerma (Lerma) y Medinaceli (Medinaceli). Los nuevos propietarios fueron incorporando elementos arquitectónicos, transformando poco a poco la austera construcción militar en un palacio más cómodo. En su día, incluso estuvo rodeado por un foso, que se llenaba con agua del río.
Sin embargo, la historia no siempre fue benévola con la edificación. En el siglo XIX fue utilizado como almacén de pólvora, lo que afectó negativamente el estado de sus estructuras. Más tarde, el castillo fue saqueado cuando los habitantes locales se llevaron piedras para construir sus propias viviendas. A principios del siglo XX, se encontraba en ruinas. El químico César San José Seigland fue quien le dio nueva vida al adquirir la fortaleza e iniciar una restauración a gran escala, aunque parcial. Gracias a sus esfuerzos se logró estabilizar las estructuras principales y evitar la destrucción total del castillo. Además, fundó la Fundación Castillo del Cid para proteger el patrimonio y organizar actividades culturales.
En la actualidad, tras un nuevo cambio de propietario, el castillo es de propiedad privada y no está abierto al público. A pesar de ello, sigue siendo considerado uno de los monumentos históricos más valiosos de Burgos y un símbolo importante, estrechamente ligado a la inmortal leyenda de El Cid Campeador. Su majestuosa silueta sigue dominando el paisaje, recordando la rica historia de la región.












