
En diciembre de 2022, una delegación de Extremadura viajó a Bután para reunirse con el rey Jigme Khesar Namgyel. En la capital, Thimphu, se debatió un ambicioso plan: construir en Cáceres un gran centro budista con una estatua de Buda de 47 metros sobre un pedestal de 20 metros. El complejo ocuparía unas 110 hectáreas y su coste se estimaba en 40 millones de euros. La delegación incluía al alcalde de la ciudad, Luis Salaya, a la presidenta de la Asamblea de Extremadura, Blanca Martín, y al presidente de la fundación Lumbini Garden, José Manuel Vilanova.
El rey de Bután mostró interés en el proyecto, que prometía atraer a la región a decenas de miles de turistas y peregrinos. Según el plan, la financiación correría a cargo de la fundación y donantes privados, mientras que la ciudad solo cedería el terreno. Alrededor de la estatua se preveía construir templos, salas de meditación, una residencia para monjes, exposiciones de reliquias e incluso una “misión diplomática budista” para países asiáticos. Todo ello, rodeado de jardines orientales con flora autóctona.
Primeros pasos
El proyecto se presentó por primera vez en Cáceres en 2019. Antes de eso, Vilanova intentó ponerlo en marcha en Madrid, pero un cambio de gobierno allí frustró la idea. En Cáceres, las autoridades sí apoyaron la iniciativa y hasta la presentaron en la feria turística Fitur en 2020. Poco después, se organizaron viajes a Nepal y otros países asiáticos en busca de inversores y respaldo.
Entre los partidarios se encontraban empresarios de Hong Kong, líderes budistas de Tailandia y representantes de Nepal. En 2021, una delegación de Lumbini —el lugar de nacimiento de Buda— visitó Cáceres para firmar un memorando de cooperación. En esa ocasión, los monjes realizaron rituales en el sitio destinado al futuro complejo, plantaron árboles sagrados y encendieron un fuego para purificar el espacio.
Barreras burocráticas
Sin embargo, pronto se descubrió que el terreno elegido se ubicaba en una zona de especial protección de la naturaleza (ZEPA Llanos de Cáceres y Sierra de Fuentes). Por ley, la construcción solo es posible tras una evaluación ambiental. En febrero de 2022, las autoridades dictaminaron que el proyecto debía trasladarse fuera de la zona protegida. La fundación intentó proponer una alternativa —usar un pabellón de madera traído de Milán como centro temporal—, pero eso no resolvió el problema.
Paralelamente, continuaron las gestiones para obtener financiación. Representantes de la fundación viajaron a Birmania (Myanmar) en busca de jadeíta blanca para revestir la estatua, pero la reunión con autoridades militares del país desató una polémica en España. Las autoridades de Cáceres y la fundación explicaron que el encuentro fue casual y no estaba previsto de antemano.
Cambios políticos
En 2023, Cáceres tuvo un nuevo alcalde: Rafael Martos, representante del Partido Popular, asumió el cargo. El nuevo dirigente municipal declaró su apoyo al proyecto, pero sugirió buscar terrenos privados para la construcción. La nueva presidenta de Extremadura, María Guardiola, adoptó la misma postura.
La fundación inició negociaciones con los propietarios de terrenos en la zona de Cerro de los Romanos, cerca del antiguo poblado minero Aldea Moret. Sin embargo, los inversores no aprobaron el cambio de ubicación, y el aumento de los precios del suelo junto con retrasos constantes llevó a que muchos de ellos desistieran de participar.
Dificultades financieras
A pesar de los anuncios sobre los fondos recaudados, la fundación no revela detalles sobre la financiación. Las autoridades regionales destinaron cerca de 300.000 euros para organizar actividades relacionadas con el proyecto, y en el presupuesto de 2023 se asignaron otros 50.000 euros para la fundación. Sin embargo, esto no fue suficiente para iniciar la construcción.
Actualmente, la iniciativa está prácticamente paralizada. Representantes de la fundación reconocen que el proyecto ha enfrentado diversos obstáculos: socios internacionales, burocracia, cambios en el gobierno y restricciones medioambientales. El futuro del complejo sigue siendo incierto, y los habitantes de Cáceres continúan esperando el día en que la prometida estatua de Buda aparezca en el horizonte.












