
El programa espacial chino volvió a estar en el centro de la atención después de que se produjera un incidente con una nave tripulada en la estación orbital Tiangong. La nave Shenzhou 20, que debía traer de regreso a tres astronautas, sufrió graves daños tras chocar con basura espacial. Como resultado, el retorno de la tripulación a la Tierra fue pospuesto y la nave fue considerada inadecuada para un vuelo seguro.
Inicialmente, se esperaba que la misión concluyera el 5 de noviembre, pero ese mismo día, la Agencia de Vuelos Espaciales Tripulados de China (CMSA) anunció inesperadamente la extensión de la estancia de los astronautas en la estación. La razón fue la detección de una grieta en la ventana de la nave, originada por el impacto de una diminuta partícula de desecho espacial que viajaba a gran velocidad. Esto supuso un peligro para la vida de la tripulación durante el regreso.
Ante esta situación, se decidió no correr riesgos y evitar el uso de la nave dañada para el descenso. En su lugar, los astronautas esperaron la llegada de una nueva nave, que los llevó de vuelta a casa nueve días después de la fecha originalmente prevista.
Reemplazo de emergencia
Tras el regreso del equipo principal a la Tierra, solo la nueva tripulación de la misión Shenzhou 21 permaneció temporalmente en la estación. Sin embargo, no contaban con una nave de repuesto que pudiera servir como “bote salvavidas” en caso de emergencia. Esto generó cierta preocupación entre los expertos y observadores del programa espacial chino.
Para eliminar el riesgo, China envió rápidamente otra nave tripulada a la órbita. El lanzamiento se realizó el 22 de noviembre y, apenas unas horas después, la nueva nave se acopló exitosamente a la estación. De este modo, la tripulación del Shenzhou-21 volvió a contar con la posibilidad de una evacuación de emergencia en caso de necesidad.
Se ha decidido devolver el dañado Shenzhou-20 a la Tierra sin tripulación a bordo. Según representantes de la CMSA, la nave será examinada minuciosamente tras el aterrizaje para obtener datos valiosos para futuras misiones y mejorar la seguridad de los vuelos.
Causas y consecuencias
Los especialistas de la agencia detallaron la naturaleza de los daños. Según explicaron, las grietas en la escotilla aparecieron por el impacto de una partícula de basura espacial de menos de un milímetro. A pesar de su diminuto tamaño, la velocidad del choque fue tan alta que el vidrio no soportó la presión. En caso de regresar a la Tierra, bajo la influencia de temperatura y presión, las grietas podrían haberse expandido, lo que amenazaba con la destrucción de la escotilla y la total pérdida de hermeticidad.
Por ello, se decidió no poner en riesgo la vida de los astronautas y enviar la nave de regreso en modo automático. La fecha exacta del retorno aún no ha sido anunciada, pero los especialistas ya se preparan para realizar experimentos y analizar los daños tras el aterrizaje.
La tripulación de Shenzhou-21 continuará trabajando en la estación hasta el final de su misión, que tiene una duración de seis meses. Sus tareas incluyen la realización de investigaciones científicas y proyectos educativos. El siguiente relevo, el equipo de Shenzhou-23, está previsto para viajar a órbita en abril de 2026.
Experiencia internacional
El caso de la nave china recordó a los expertos un incidente similar ocurrido un año antes en la Estación Espacial Internacional. En aquella ocasión, la tripulación del Starliner de Boeing también se quedó sin un medio propio para regresar a la Tierra. Sin embargo, disponían de una alternativa: en caso de emergencia, los astronautas podrían haber utilizado un módulo adicional de la nave SpaceX Crew Dragon.
Ambos incidentes han reavivado el debate sobre la necesidad de crear servicios especializados de rescate espacial y ampliar la cooperación internacional en este ámbito. Los expertos consideran que solo el esfuerzo conjunto permitirá evitar tragedias en el futuro y garantizar la seguridad de las tripulaciones en órbita.
En los últimos años, el problema de los desechos espaciales se ha vuelto cada vez más grave. Incluso las partículas más pequeñas pueden causar daños considerables a la compleja tecnología que opera en condiciones de ingravidez. La experiencia china demuestra la importancia de responder rápidamente ante estas amenazas y contar con protocolos claros para situaciones de emergencia.
El futuro de las misiones
Mientras la tripulación de la Shenzhou-21 continúa con sus tareas, los especialistas analizan las causas del incidente y desarrollan nuevas medidas de seguridad. En los próximos años, China planea aumentar el número de lanzamientos tripulados y ampliar las capacidades de su estación orbital. Se están desarrollando nuevos sistemas de protección frente a la basura espacial y mejorando los procedimientos de emergencia.
La comunidad internacional sigue de cerca los acontecimientos en Tiangong. El programa chino se vuelve cada vez más ambicioso, y tanto sus logros como sus dificultades impactan en la cosmonáutica mundial. La seguridad y la cooperación pasan a primer plano, ya que de ellas depende no solo el éxito de misiones individuales, sino también el futuro de la exploración espacial en su conjunto.
Si no lo sabía, la Agencia Espacial Tripulada de China (CMSA) es una entidad estatal responsable de todas las misiones tripuladas del país. Desde su fundación en 1992, la CMSA ha realizado decenas de lanzamientos exitosos, entre ellos la construcción y operación de la estación orbital Tiangong. En los últimos años, la agencia ha fortalecido sus contactos internacionales e incorporado tecnologías innovadoras para aumentar la seguridad y eficacia de sus programas.











