
En noviembre de 2025, investigadores chinos publicaron los resultados de una simulación sobre la posibilidad de bloquear la constelación de satélites Starlink en la zona de Taiwán. Su análisis mostró que, para interrumpir eficazmente el funcionamiento de este sistema, no solo se requieren recursos técnicos significativos, sino también un enfoque completamente nuevo en la organización de la guerra electrónica.
El principal problema al que se enfrentan los ingenieros militares es la alta dinámica de la red satelital. A diferencia de los sistemas de comunicación tradicionales, donde las fuentes de señal son estáticas, Starlink utiliza miles de satélites de órbita baja que se desplazan constantemente por el cielo. Cada terminal de usuario se conecta no a un solo satélite, sino a varios, y la comunicación entre ellos cambia literalmente cada segundo.
Dinámica orbital y retos para la tecnología militar
Expertos chinos señalan que, debido al constante movimiento de los satélites y a la compleja estructura orbital, los intentos de interferencia se ven dificultados por la imprevisibilidad. Las señales de Starlink pasan rápidamente de un satélite a otro y toda la red se adapta a los intentos de intervención. Incluso si se logra interrumpir temporalmente la conexión con un satélite, el terminal del usuario encuentra instantáneamente un canal alternativo.
Los métodos tradicionales de guerra electrónica, basados en potentes estaciones terrestres, resultan poco efectivos frente a esta arquitectura. Para generar interferencias sostenidas no solo es necesario cubrir una enorme superficie, sino también sincronizar el funcionamiento de múltiples fuentes de emisión, de modo que puedan seguir el movimiento de los satélites.
Alcance de la operación y requisitos técnicos
En sus simulaciones, los científicos chinos concluyeron que para bloquear completamente la comunicación satelital de Starlink sobre Taiwán habría que desplegar al menos 935 plataformas de guerra electrónica sincronizadas. No se trata de instalaciones fijas, sino de dispositivos móviles instalados en drones, globos aerostáticos o aviones. Solo este enfoque distribuido permitiría generar una barrera electromagnética densa y, así, deshabilitar temporalmente la red satelital en la región objetivo.
Sin embargo, incluso con semejante número de dispositivos persisten riesgos: posibles fallos de equipamiento, influencia del relieve del terreno, así como las constantes actualizaciones y modernizaciones del propio sistema Starlink. Todo ello convierte la tarea en un desafío extremadamente complejo y costoso, sin que se pueda garantizar el éxito de la operación.
Perspectivas y limitaciones de los sistemas modernos de guerra electrónica
Los autores del estudio destacan que el desarrollo de redes satelitales de nueva generación está cambiando las reglas del juego en el ámbito de la tecnología militar. Anteriormente, bastaban varios transmisores potentes para bloquear las comunicaciones, pero ahora se requiere todo un ejército de dispositivos sincronizados, capaces de operar en condiciones de alta dinámica e incertidumbre.
En caso de un posible conflicto en la región de Taiwán, estas tecnologías podrían convertirse en un elemento clave de la guerra informativa. Sin embargo, el coste y la complejidad de su implementación ponen en duda la eficacia de dichas medidas. En los próximos años, se espera que tanto los sistemas satelitales como los métodos para neutralizarlos sigan perfeccionándose.
Por si no lo sabías: qué es Starlink y por qué es importante
Starlink es una red global de satélites creada por SpaceX, la empresa fundada por Elon Musk. El proyecto se inició en 2015 y desde entonces se ha convertido en la mayor constelación de satélites de comunicaciones en órbita baja del mundo. El objetivo principal de Starlink es ofrecer internet de alta velocidad en cualquier lugar del planeta, incluidas las regiones remotas y de difícil acceso. Actualmente, ya hay más de 6.000 satélites Starlink en órbita y el número de usuarios a nivel mundial supera varios millones. El sistema se utiliza activamente no solo para fines civiles, sino también militares, lo que atrae la atención de distintos gobiernos. SpaceX actualiza regularmente el software y las especificaciones técnicas de los satélites para aumentar su resistencia frente a interferencias y posibles ataques. Gracias a su arquitectura, Starlink puede recuperarse rápidamente de fallos y ataques, como demuestran sus operaciones en zonas de conflicto. Elon Musk ha manifestado repetidas veces su intención de proporcionar internet accesible para todos, independientemente de la ubicación geográfica o las circunstancias políticas. En los próximos años, la empresa planea aumentar el número de satélites hasta 12.000 y, a futuro, hasta 42.000, lo que permitirá reforzar aún más la estabilidad y cobertura de la red. Starlink ya ha revolucionado la forma de organizar las comunicaciones en condiciones extremas y sigue siendo uno de los proyectos más innovadores en el ámbito de las telecomunicaciones.












