
Geólogos estadounidenses han presentado por primera vez un mapa detallado de las enormes cuencas fluviales que alguna vez cruzaron la superficie de Marte. Según los investigadores, estos antiguos sistemas acuáticos podrían ser los lugares más prometedores para buscar indicios de vida en el planeta rojo. Hace miles de millones de años, mucho antes de que Marte se convirtiera en un desierto helado, su paisaje era moldeado por potentes corrientes de agua. Las huellas de estos procesos aún pueden observarse en forma de cauces secos, profundas vaguadas y cañones que atraviesan las llanuras marcianas.
Durante mucho tiempo, los científicos sabían de la existencia de miles de ríos secos, pero no podían entender cómo se relacionaban entre sí. No estaba claro si Marte albergó grandes sistemas fluviales comparables a los que alimentan los ecosistemas más ricos de la Tierra. Ahora, gracias al análisis de datos obtenidos por sondas orbitales de la NASA, los investigadores lograron reconstruir la estructura de estas redes hídricas y determinar cómo se agrupaban en vastas cuencas.
Ríos marcianos
En el trabajo, los especialistas utilizaron mapas archivados de valles, depresiones lacustres y cañones de desagüe, así como datos topográficos recopilados durante décadas de observaciones. Especial importancia tuvieron las imágenes obtenidas por la sonda Mars Odyssey, que cubrió más del 90% de la superficie del planeta. Al comparar esta información, los científicos rastrearon cómo los distintos elementos del antiguo relieve se unían en un solo sistema.
En aquellas regiones donde los rastros de ríos fueron destruidos por impactos de meteoritos o por erosión, los investigadores reconstruyeron su dirección aproximada basándose en las características del relieve y la orientación de los valles cercanos. Este enfoque permitió no solo precisar el mapa de los antiguos cuerpos de agua en Marte, sino también identificar las principales cuencas que desempeñaron un papel clave en la historia geológica del planeta.
Cuencas gigantes
El análisis permitió identificar 16 cuencas fluviales de gran tamaño, cada una de las cuales abarcaba al menos 100 mil kilómetros cuadrados. En conjunto, estos sistemas cubrían cerca de 4 millones de kilómetros cuadrados, lo que equivale aproximadamente al 5% de la superficie antigua de Marte. Los científicos señalan que esta cifra podría estar subestimada, ya que muchas huellas de actividad acuática han sido borradas por el tiempo y el viento.
A diferencia de la Tierra, donde los procesos tectónicos forman montañas y depresiones que guían los flujos de agua, en Marte no existían tales mecanismos. Por ello, el número de grandes cuencas resultó considerablemente menor: solo 16 frente a unas 91 en nuestro planeta. Sin embargo, precisamente estas zonas pudieron funcionar como auténticas “arterias” para el transporte de nutrientes y posibles rastros biológicos a grandes distancias.
Potencial para la vida
El estudio reveló que estas 16 cuencas transportaron casi la mitad de todos los sedimentos movidos alguna vez por los ríos marcianos. Una de ellas, que alimentaba el gran cañón Ma’adim Vallis, fue responsable de aproximadamente un 15% del volumen total. En la Tierra, estos grandes sistemas fluviales suelen ser focos de biodiversidad, donde el agua al atravesar distintas rocas genera un entorno químico rico.
Los científicos sugieren que estas gigantescas cuencas pudieron cumplir una función similar en Marte. Si alguna vez surgió vida en el planeta rojo, es probable que aquí hayan quedado sus huellas. La prolongada interacción del agua con las rocas aumentaba la probabilidad de reacciones químicas complejas que podrían haber dado origen a compuestos orgánicos.
Planes de futuro
El mapa creado de las megacuencas podría convertirse en una herramienta clave para futuras expediciones a Marte. Permitirá identificar las zonas más prometedoras para buscar rastros químicos de vida y seleccionar muestras de suelo. Según los autores del estudio, precisamente estas áreas deberían ser prioritarias para las nuevas misiones que buscan evidencias de vida pasada.
«Cuanto más largo es el recorrido del agua, mayores son las posibilidades de procesos químicos complejos que pueden dejar indicios de vida», señalan los investigadores. Ahora los científicos cuentan con un mapa claro que les permitirá planificar con mayor precisión las rutas y tareas de los rovers y estaciones automáticas en Marte.
Por si no lo sabía, la Universidad de Texas en Austin (University of Texas at Austin) es uno de los principales centros científicos de Estados Unidos y participa activamente en investigaciones sobre Marte y otros planetas del sistema solar. En sus laboratorios trabajan expertos en geología, planetología y teledetección, quienes publican regularmente los resultados de sus hallazgos en revistas científicas de prestigio. En los últimos años, la universidad se ha convertido en uno de los socios clave de la NASA en proyectos para el estudio del planeta rojo.








