
África Oriental vuelve a captar la atención de los antropólogos: un equipo internacional de investigadores ha presentado pruebas convincentes de la existencia de otra especie de antiguos homínidos que habitó la región hace más de tres millones de años. Los nuevos hallazgos realizados en la zona de Burtule arrojan luz sobre el enigma de un pie inusual descubierto en 2009 y ofrecen una nueva perspectiva sobre la evolución humana.
Durante mucho tiempo se creyó que en la era de Lucy —la famosa representante de Australopithecus afarensis— solo una especie de nuestros antepasados habitaba esta región. Sin embargo, el hallazgo de una parte del pie con un dedo gordo oponible puso en duda esta teoría. La anatomía del hueso indicaba una capacidad para trepar árboles, algo que no coincidía con el modo de vida habitual de Australopithecus afarensis, que caminaban con confianza por el suelo.
Descubrimientos inesperados en Burtule
En 2009, paleontólogos descubrieron en Etiopía un fragmento de pie que generó de inmediato un intenso debate en la comunidad científica. La antigüedad del hallazgo coincidía con la época de Lucy, pero la estructura ósea era diferente: el dedo gordo se encontraba separado, una característica de los primates antiguos que pasaban mucho tiempo en los árboles. Esta particularidad permitía sujetarse a las ramas, pero dificultaba caminar largas distancias por tierra.
En los años siguientes, los científicos encontraron fragmentos de mandíbulas y dientes que permitieron identificar una nueva especie: Australopithecus deyiremeda. Sin embargo, durante mucho tiempo no se pudo demostrar que el enigmático pie y las mandíbulas halladas pertenecieran al mismo individuo. Los escépticos señalaban la falta de material suficiente para sacar conclusiones definitivas, y el debate sobre la diversidad de especies en ese período cayó en un callejón sin salida.
Análisis integral de los restos
Recientes excavaciones en la misma zona aportaron nuevos fragmentos: los investigadores descubrieron partes de las mandíbulas superior e inferior, así como doce dientes individuales. El análisis geológico determinó que los restos tienen una antigüedad aproximada de 3,4 millones de años, lo que coincide con la fecha atribuida al misterioso pie descubierto anteriormente.
Gracias a la tomografía computarizada, los científicos estudiaron con detalle la estructura de los dientes. Los resultados mostraron una coincidencia total con los dientes de Australopithecus deyiremeda. Destacaron especialmente el tamaño y la forma de los caninos e incisivos: resultaron ser más primitivos en comparación con los de Australopithecus afarensis. Esto permitió concluir que los restos realmente pertenecen a una nueva especie.
Alimentación y estilo de vida de los antiguos homínidos
Para investigar las particularidades de la dieta, los investigadores realizaron un análisis isotópico del esmalte dental. La proporción de carbono indicaba una alimentación basada principalmente en hojas, frutas y nueces —propia de los ecosistemas forestales—. Este tipo de dieta acerca al Australopithecus deyiremeda a antepasados humanos más antiguos, como Ardipithecus y Australopithecus anamensis, quienes también preferían recursos del bosque.
A diferencia de ellos, los australopitecos afarenses, grupo al que pertenecía Lucy, ya habían conquistado los espacios abiertos de la sabana e incorporado pastos a su dieta. Su pie era más rígido, adaptado para largas caminatas por tierra, lo que evidencia distintas estrategias de supervivencia entre ambas especies.
Vecinos sin competencia
El análisis de los hallazgos mostró que ambas especies de homínidos habitaron la misma región al mismo tiempo, pero sin interferir entre sí. El Australopithecus deyiremeda vivía sobre todo en los bosques, usando un pie prensil para trepar árboles, mientras que sus vecinos afarenses se adaptaban a espacios abiertos y perfeccionaban la marcha erguida.
Esta diferenciación de nichos ecológicos permitió que ambas especies coexistieran sin competir directamente por alimento o territorio. Este descubrimiento refuta la antigua idea de una evolución humana lineal y confirma que en el pasado existieron múltiples ramas paralelas en el desarrollo de los homínidos.
Evolución: no hay un solo camino hacia el ser humano
Nuevos datos indican que la evolución de los antepasados humanos fue un proceso complejo y diverso. Distintas especies de homínidos experimentaron con varias formas de desplazamiento y alimentación. Algunas conservaron la capacidad de trepar árboles, mientras que otras perfeccionaron la marcha erguida. Como resultado, solo una de estas ramas dio origen al ser humano moderno, mientras que las demás desaparecieron, dejando misteriosas huellas en forma de huesos y dientes.
Si no lo sabías, Lucy es uno de los fósiles más famosos de Australopithecus afarensis, descubierto en 1974 en Etiopía. Su esqueleto se convirtió en un símbolo de la antropología y permitió a los científicos estudiar en detalle la anatomía de los antiguos homínidos por primera vez. Lucy recibió su nombre gracias a una canción de The Beatles que escuchaban los investigadores durante las excavaciones. El hallazgo de Lucy fue un momento clave para entender la evolución humana y sigue inspirando nuevas investigaciones científicas.











