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El iceberg gigante de la Antártida cambia de color y se desintegra ante la mirada de los científicos

El misterio del gigante helado en el Atlántico Sur que preocupa a los científicos

Un enorme iceberg desprendido de la Antártida en 1986 se está derritiendo rápidamente. Su superficie se ha cubierto de lagos azulados y los científicos documentan los últimos días de este coloso helado. Descubre cómo impacta esto en el océano y el clima.

En el Atlántico Sur se desarrolla una auténtica historia dramática: un gigantesco iceberg, que lleva más de cuarenta años navegando por el océano, está perdiendo rápidamente sus masas de hielo. Su superficie, antes de un blanco deslumbrante, ahora está cubierta de franjas y manchas color aguamarina: son lagos de deshielo formados bajo el abrasador sol del verano. Las imágenes captadas desde el espacio resultan impactantes: el bloque de hielo parece brillar desde el interior, rodeado por una caótica corona de fragmentos desprendidos. Los científicos que siguen este iceberg desde finales de los años 80 reconocen que, probablemente, estamos presenciando su acto final.

Este gigante de hielo, conocido como A-23A, se desprendió de la plataforma de hielo Filchner (Filchner Ice Shelf) en 1986, el mismo año que el mundo fue sacudido por las catástrofes de Chernóbil y el transbordador espacial Challenger. Desde entonces, el iceberg se convirtió en una verdadera celebridad entre los científicos: su tamaño y longevidad lo han hecho objeto de una atención especial. Durante décadas, viajó desde las costas de la Antártida hasta las aguas situadas entre Sudamérica y la isla Georgia del Sur (South Georgia Island), donde ahora deriva, disolviéndose lentamente en el océano.

Franjas de hielo

En las últimas imágenes satelitales se aprecian claramente unas franjas azules: son lagos de agua de deshielo que se forman en la superficie cuando suben las temperaturas y el sol se intensifica en el hemisferio sur. El 26 de diciembre de 2025, el satélite Terra registró estos cambios, y al día siguiente, un astronauta a bordo de la Estación Espacial Internacional tomó una imagen detallada con una cámara profesional. Estas fotografías permiten observar cómo el agua se acumula en las depresiones, erosionando poco a poco la estructura del hielo.

La magnitud del fenómeno sorprende: el iceberg A-23A es uno de los más grandes y longevos desde que existen registros. Su destino no es solo una cuestión de interés científico. Cuando en la superficie aparecen lagos, su peso y presión pueden literalmente fracturar la placa de hielo desde dentro. El agua se filtra en las grietas, las ensancha y, en algún momento, el iceberg puede romperse en múltiples fragmentos. Así ocurren los episodios más dramáticos de colapso de plataformas de hielo y icebergs.

Impacto en el océano

Pero la desaparición de un gigante así no es solo un espectáculo para científicos y amantes de la naturaleza. Cuando un iceberg de este tamaño se derrite, libera al océano una enorme cantidad de agua fría y dulce. Esto puede alterar las corrientes locales, provocar la mezcla de capas e incluso hacer aflorar aguas profundas ricas en nutrientes. Este proceso impulsa el crecimiento del fitoplancton, pequeños organismos que forman la base de toda la cadena alimenticia marina.

En los últimos años, este tipo de fenómenos se vuelven cada vez más frecuentes. El cambio climático y el calentamiento global aceleran el deshielo de glaciares y de icebergs, convirtiendo estos eventos no en una excepción, sino en la nueva normalidad. Para los científicos, es una oportunidad única para observar en tiempo real cómo se destruyen estos gigantes de hielo y perfeccionar los modelos que ayudarán a predecir el futuro de las capas glaciares del planeta.

Consecuencias globales

El destino del A-23A no es solo la historia de un iceberg. Es una clara ilustración de la rapidez con la que cambia el clima y de cómo estos cambios afectan hasta los rincones más remotos de la Tierra. Cada vez que desaparece un iceberg de este tipo, deja no solo una huella en el océano, sino también nuevas incógnitas para la ciencia. ¿Cómo cambiará la circulación del agua? ¿Cómo responderá el ecosistema marino? ¿Y cuántos gigantes más están a la deriva esperando su turno?

Tal vez estemos presenciando los últimos días de uno de los monstruos de hielo más famosos del planeta. Sus franjas azules no son solo un bello efecto visual, sino una señal de alerta de que los procesos de destrucción se aceleran. Y aunque los icebergs siempre han sido parte del ciclo natural de renovación de los glaciares, hoy su desaparición adquiere un nuevo alcance y significado.

RUSSPAIN recuerda que el A-23A es uno de los mayores icebergs tabulares jamás registrados. Su superficie ha superado en distintos años los 3.800 kilómetros cuadrados, comparable al tamaño de algunas grandes ciudades europeas. Su movimiento y estado son objeto de seguimiento por parte de los principales centros científicos del mundo, y su destino se ha convertido en símbolo de los cambios que experimentan la Antártida y los océanos globales.

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