
En el bullicioso mundo de las aves, donde nunca cesa el ruido ni el alboroto, las grajillas (Corvus monedula) demuestran una habilidad sorprendente: las hembras reconocen sin error la voz de su pareja, incluso en una colonia repleta de ejemplares. Una nueva investigación de biólogos británicos arroja luz sobre cómo estas aves se orientan en su compleja estructura social y por qué es fundamental responder de inmediato a determinadas señales.
Durante los experimentos realizados en Cornualles, los científicos grabaron las llamadas de contacto individuales de los machos y las reprodujeron para las hembras que estaban incubando los huevos. La reacción de las aves no solo resultó diferenciada, sino que fue sorprendentemente rápida cuando la señal provenía de su pareja habitual. En promedio, las hembras giraban hacia la fuente del sonido en solo dos segundos, mientras que respondían mucho más lentamente a las llamadas de otros machos, conocidos o desconocidos.
La voz como pasaporte
Los córvidos, grupo al que pertenecen las grajillas, son conocidos desde hace tiempo por su elevado nivel de inteligencia y sus complejas relaciones sociales. Sin embargo, hasta ahora seguía siendo un misterio hasta qué punto identifican los matices individuales de las voces. Resultó que, para las grajillas, la voz de la pareja no es solo un sonido, sino una especie de pasaporte auditivo imposible de falsificar. Aunque en la colonia haya decenas de aves, cada hembra identifica sin error la señal adecuada entre el bullicio general.
Curiosamente, las hembras respondían a las llamadas de machos desconocidos con un notable retraso: en promedio, tras siete segundos. Si la señal provenía de un vecino de la colonia, la pausa aumentaba hasta diez segundos. En algunos casos, las aves ignoraban por completo las voces extrañas, pero casi siempre reaccionaban de inmediato a la voz de su pareja.
El experimento en detalle
Para garantizar la pureza del experimento, los científicos utilizaron altavoces colocados en la entrada de las cajas nido. Las aves se habituaron previamente a estos dispositivos para no asustarse durante las pruebas. Cada hembra escuchó tres tipos de señales: de su propia pareja, de un macho conocido de la colonia y de un macho completamente desconocido.
Las reacciones se registraron mediante videovigilancia. En la mayoría de los casos, las hembras se giraban hacia la entrada del nido, a veces se asomaban afuera e incluso, en ocasiones, abandonaban el nido. Sin embargo, la velocidad de la primera reacción resultó ser el principal indicador: cuanto más estrecha la relación con el macho, más rápida era la respuesta.
La vida social de las grajillas
Las grajillas son aves monógamas que forman parejas estables durante varias temporadas. En colonias densas, rodeadas constantemente de decenas de congéneres, la capacidad de distinguir al «propio» resulta vital. Esto ayuda no solo en el cuidado de las crías, sino también en la defensa del nido frente a competidores y depredadores.
Los científicos señalan que habilidades similares de reconocimiento individual se encuentran también en otras especies, como el pingüino de anteojos, que identifica a su pareja por el patrón único en el pecho. Sin embargo, en las grajillas, la principal forma de identificación es la voz, lo que resulta especialmente relevante en condiciones de visibilidad limitada dentro de los nidos.
Memoria e inteligencia
Ya se sabía que las grajillas pueden recordar rostros humanos e incluso asociarlos con ciertos eventos, como situaciones de peligro. La nueva investigación confirma que sus capacidades cognitivas también incluyen la distinción de voces de sus congéneres. Esto abre nuevas perspectivas para el estudio de la dinámica social y la comunicación de los córvidos.
En una cuarta parte de los casos, las hembras asomaban la cabeza fuera del nido tras escuchar la señal, y a veces incluso lo abandonaban para comprobar que todo estuviera seguro. Sin embargo, este comportamiento no dependía de quién emitía la voz; lo más relevante era la rapidez de la reacción inicial.
Por si no lo sabía, las grajillas (Corvus monedula) son miembros de la familia de los córvidos, ampliamente distribuidos por toda Europa, incluida España. Estas aves son conocidas no solo por su inteligencia, sino también por su capacidad para interactuar socialmente de manera compleja. En España, las grajillas suelen encontrarse tanto en ciudades como en zonas rurales, donde forman grandes bandadas y demuestran una sorprendente capacidad de adaptación a diferentes entornos. Investigaciones como la descrita ayudan a comprender mejor la vida de estas aves y las razones de su éxito en los ecosistemas más diversos.












