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Rusia se queda sin acceso a lanzamientos tripulados por un accidente en Baikonur

La industria espacial en jaque: ¿cómo un accidente cambió las reglas y qué nos depara el futuro?

Por primera vez en décadas, Rusia no puede enviar personas al espacio. Un accidente en la plataforma de lanzamiento ha paralizado las misiones tripuladas. Expertos evalúan las consecuencias y buscan soluciones a la crisis.

El 27 de noviembre de 2025, la cosmonáutica rusa enfrentó una situación sin precedentes: el país perdió temporalmente la capacidad de enviar tripulaciones a la órbita. La causa fue un incidente en el complejo de lanzamiento nº 31 del cosmódromo de Baikonur, donde, tras el exitoso despegue de la nave Soyuz MS-28 con tres cosmonautas a bordo, la cabina de servicio 8U216 se desplomó en la canaleta de escape de gases. Este hecho no solo interrumpió el curso habitual de los lanzamientos tripulados, sino que puso en duda la estabilidad de toda la infraestructura que sostiene el programa espacial ruso.

La cabina de servicio es un elemento clave de la estructura de lanzamiento, sin el cual es imposible lanzar cohetes de la familia R-7, incluidos los Soyuz y los cargueros Progress. Es a través de ella que se prepara el cohete para el despegue, incluyendo la instalación de dispositivos especiales para arrancar los motores. La pérdida de esta estructura ha bloqueado de facto cualquier misión tripulada o de carga desde territorio ruso, ya que los cosmódromos alternativos no están listos para este tipo de operaciones.

Ahora, el abastecimiento de la Estación Espacial Internacional (ISS) recae por completo en los socios estadounidenses. Restaurar la operatividad del complejo de lanzamiento requerirá grandes esfuerzos y tiempo, y aún no se han definido los plazos para reanudar los vuelos regulares.

Por qué este accidente es único en la historia del sector

Lo ocurrido en Baikonur no tiene precedentes en la historia de la cosmonáutica nacional y mundial. Anteriormente, accidentes de este tipo se producían sumamente rara vez, y elementos de infraestructura tan críticos nunca fallaron por completo. En 2018, en Vostochny, se dañó la tapa protectora de una cabina, pero en esa ocasión la reparación tomó solo unas semanas. Ahora, sin embargo, se trata de una estructura compleja y única, cuya producción en serie hace tiempo que se suspendió.

La cabina 8U216 fue diseñada originalmente para los misiles balísticos intercontinentales R-7, que ya han sido retirados del servicio. Para usos civiles, estos dispositivos no se fabrican, y los ejemplares existentes son piezas únicas y exclusivas. Restaurarla o reemplazarla requiere buscar elementos de reserva, que simplemente no están disponibles libremente.

La única opción posible es utilizar una cabina similar de la plataforma cerrada n.º 1, conocida como el “lanzamiento de Gagarin”. Sin embargo, este recinto fue transferido hace tiempo a Kazajistán como complejo museístico, y su desmontaje y traslado implica dificultades tanto burocráticas como técnicas.

Burocracia y desafíos técnicos

A diferencia de las empresas privadas, donde las decisiones se toman con rapidez, las entidades estatales deben seguir procedimientos complejos. Para trasladar o restaurar la cabina será necesario convocar un concurso, preparar la documentación técnica y coordinarse con varios organismos. Incluso si todos los trámites se resuelven rápidamente, las propias labores podrían llevar meses, o incluso más de un año.

En la historia de la cosmonáutica soviética ya hubo casos en los que las plataformas de lanzamiento quedaron fuera de servicio por accidentes. Por ejemplo, en 1966, la plataforma n.º 31 fue destruida por la explosión de un cohete y su reconstrucción tardó más de un año. Sin embargo, en aquel entonces no existían los requisitos actuales de licitaciones estatales ni procedimientos de aprobación, lo que permitía actuar con mayor rapidez.

Hoy en día, la situación se complica no solo por la dificultad técnica de los trabajos, sino también por la necesidad de cumplir con todos los procedimientos normativos. Esto incrementa significativamente los plazos y los costes para restaurar la infraestructura.

Paralelismos históricos y la experiencia de otros países

Expertos señalan que la falta de complejos de lanzamiento de reserva no es un problema exclusivo de Rusia. En distintas épocas, situaciones similares se dieron en EE. UU., cuando tras el final del programa Apolo o durante la suspensión de los vuelos de los transbordadores, el país se quedó temporalmente sin capacidad para lanzamientos tripulados. Sin embargo, en la mayoría de los casos, esos recesos estuvieron relacionados con el cierre de los programas y no con accidentes en la infraestructura.

La particularidad de los cohetes rusos de la familia R-7 radica en su alta integración con el complejo de lanzamiento. Esto garantiza fiabilidad, pero impide el uso de plataformas universales como ocurre con algunos sistemas extranjeros. Por eso, la pérdida de un solo elemento de la infraestructura provoca la paralización total de los lanzamientos.

En la URSS, las plataformas de reserva se creaban de manera consciente para minimizar los riesgos. Las prácticas modernas de optimización y reducción de costos llevaron a que las instalaciones duplicadas fueran retiradas de servicio, lo que tuvo un papel decisivo en la situación actual.

Lecciones para el futuro y posibles escenarios

Los analistas coinciden en que lo ocurrido debe ser una señal para revisar los enfoques sobre la fiabilidad de la infraestructura espacial. Los complejos de lanzamiento de reserva no son un lujo innecesario, sino una condición imprescindible para el funcionamiento estable de los programas tripulados. Sin ellos, cualquier emergencia puede provocar largas interrupciones y la pérdida de posiciones en el ámbito internacional.

En los próximos meses, la industria espacial rusa tendrá que no solo restaurar el complejo dañado, sino también desarrollar nuevos estándares de seguridad y reservas. De lo contrario, los riesgos de que se repitan situaciones similares persistirán en el futuro, especialmente considerando los planes de crear una estación orbital nacional con parámetros únicos, inaccesibles para naves extranjeras.

La caída de la cabina de servicio 8U216 fue un recordatorio alarmante sobre la importancia de un enfoque sistemático en la gestión de complejos tecnológicos avanzados. El futuro de la cosmonáutica tripulada rusa dependerá de la rapidez y eficacia con la que se supere la crisis.

Por si no lo sabía, «Roskosmos» es la corporación estatal responsable del desarrollo del sector espacial en Rusia. La organización gestiona los programas tripulados y automáticos, además de coordinar la cooperación internacional en el espacio. En las últimas décadas, «Roskosmos» se ha enfrentado repetidamente a desafíos relacionados con la modernización de su infraestructura y el mantenimiento de la competitividad en el mercado global. El accidente en Baikonur se ha convertido en una de las pruebas más serias para la corporación en toda su historia.

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