
La noche del 23 de octubre de 2025 en Oviedo volvió a captar la atención de toda España. La Familia Real, junto a las herederas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, llegó al Auditorio Príncipe Felipe para asistir al tradicional evento musical que precede a la entrega de los Premios Princesa de Asturias. Para la reina Letizia, este evento no es solo un acto protocolario, sino toda una historia contada a través de la moda a lo largo de más de dos décadas. Desde 2004, cada uno de sus atuendos en este concierto ha sido motivo de intensos debates, reflejando no solo su transformación personal, sino también el cambio de tendencias en el país.
El inicio: De la sobriedad a los primeros experimentos
Recordando su debut en 2004, aún como prometida del heredero al trono, vemos una imagen llena de sobria elegancia. Entonces eligió un total look negro: un abrigo de brocado de líneas estrictas y pantalones clásicos. El único acento llamativo fue un pequeño clutch con un adorno destacado. En los años posteriores, Letizia fue incorporando poco a poco recursos estilísticos más complejos. Por ejemplo, en 2007 causó sensación al aparecer con una chaqueta de inspiración militar, ricamente bordada con hilos dorados y rematada con un cinturón ancho que marcaba la cintura. El año 2009 se recuerda por una decisión audaz para la época: no dudó en combinar azul y negro en un mismo conjunto, algo que entonces se consideraba un tabú en la moda. Su blusa de seda y falda acampanada con bordados florales, complementadas con medias azul semi-transparentes, mostraron una creciente confianza en su propio estilo.
La época dorada de Varela y la búsqueda de la elegancia
La década siguiente estuvo marcada por su prolongada colaboración con el diseñador Felipe Varela. En 2013, cuando aún era princesa, sorprendió al público al elegir un vestido tipo esmoquin: una decisión elegante y audaz al mismo tiempo. Al año siguiente, apareció con un conjunto ya conocido por la audiencia, de Varela, de seda con un delicado bordado art déco, que había llevado previamente durante una visita a EE.UU., pero que en esta ocasión complementó con nuevos accesorios de Magrit. En 2015, la reina apostó por un mono negro de seda con corpiño perforado adornado con cristales Swarovski. El punto culminante de este período fue en 2016, cuando Letizia lució un vestido lencero de seda decorado con un cinturón de motivos florales. Este look de inspiración lencera, junto con un peinado de rizos llamativo y un labial intenso, quedó grabado en la memoria de los críticos de moda. La ruptura con la tradición del negro llegó en 2017, cuando eligió un vestido azul de su couturier favorito, dejando claro que estaba lista para los cambios.
Nueva etapa: audacia, marcas y elecciones conscientes
En los últimos años, la reina ha demostrado una total libertad estilística. En 2018, por primera vez en mucho tiempo, cambió a Varela y apostó por un sobrio vestido negro de Emporio Armani. Su aparición en 2019 causó auténtica sensación: un conjunto de pantalones negros y un corsé adornado con plumas de avestruz, de The 2nd Skin Co., se hizo viral en la red. Tras la pausa por la pandemia, en 2021 sorprendió a todos con un vestido verde con detalles de plumas, cuyo origen permaneció como un misterio para la prensa. En 2022 optó por un vestido de terciopelo negro de Teresa Helbig, con un espectacular escote incrustado de cristales. El punto culminante de este nuevo enfoque llegó en 2024. La reina apareció con un vestido asimétrico azul marino del diseñador londinense Roland Mouret, que, según se supo, no compró sino que alquiló a la empresa Lend the Label. Este gesto fue percibido como un poderoso mensaje a favor del consumo responsable y marcó un hito en la historia de la moda de la monarquía española.












