
El Carnaval de Verín no es solo otro entretenimiento para turistas. Es un acontecimiento que transforma por completo la vida de esta pequeña ciudad en Galicia, haciendo olvidar la rutina y sumergiendo a todos en un torbellino de antiguas tradiciones. Cada año, el orden habitual da paso al bullicio, las risas y una verdadera anarquía, donde incluso los habitantes más reservados se vuelven parte de esta locura colectiva.
Durante varias semanas, la ciudad se llena del sonido de tambores, gritos y carcajadas, y el aire se vuelve denso por la harina que vuela en las tradicionales batallas. Por las calles desfilan enigmáticas figuras con máscaras y disfraces llamativos: los famosos cigarróns, que no solo decoran la fiesta, sino que marcan su ritmo y atmósfera. Su llegada siempre provoca una oleada de emociones: unos ríen, otros se esconden y muchos tratan de adivinar quién está detrás de la máscara.
Tradiciones y símbolos
Los grandes protagonistas del carnaval son los cigarróns: hombres con máscaras de madera adornadas con elaboradas mitras y campanillas tintineantes en el cinturón. Su función no es solo animar el evento, sino también mantener el orden e incluso castigar a quienes se niegan a participar en la celebración. Se cree que sus orígenes se remontan a tiempos muy antiguos, cuando estos personajes alejaban a los malos espíritus y traían buena suerte para todo el año.
La fiesta comienza con el Jueves de Compadres, un día en el que los hombres se reúnen para celebrar el inicio del carnaval. Desde ese momento, la ciudad se llena de música y en el ambiente flota una expectación por algo fuera de lo común. Luego llega el Domingo de Corredoiro, cuando los cigarróns salen por primera vez a las calles y comienza la verdadera locura: estallan petardos, los bailes no se detienen y tienen lugar las primeras batallas de harina.
Batallas y desfiles
Un lugar especial en el programa ocupa la famosa fariñada, una batalla masiva de harina en la que puede participar todo el que lo desee. No es solo una diversión, sino un acto simbólico que representa la purificación y la renovación. Ese día nadie queda limpio: la harina cubre la ropa, el cabello e incluso los rostros, convirtiendo a todos en iguales y protagonistas de la celebración.
Durante la semana se celebran numerosos desfiles, bailes de máscaras y concursos de disfraces. Cada noche, las calles vibran con música, y tanto habitantes como visitantes se unen en bailes improvisados directamente en las plazas. Especial atención recibe el Gran Desfile de Carrozas, un desfile espectacular donde pueden verse no solo máscaras tradicionales, sino también creaciones modernas que reflejan temas de actualidad y acontecimientos recientes.
Guerras de género y fiestas nocturnas
El Jueves de Comadres es el día en que las mujeres toman la iniciativa. Esa noche organizan sus propias celebraciones y los hombres tienen que cederles el paso. Esta particular ‘guerra de sexos’ se ha convertido hace tiempo en una de las tradiciones más esperadas, aportando picante y alegría al festejo.
El viernes y el sábado están marcados por banquetes callejeros, fiestas populares y discotecas nocturnas. Durante estos días, la ciudad literalmente no duerme: la música suena hasta el amanecer y en las calles puedes encontrarte con personajes de lo más inesperados. Aquí es fácil perder la noción del tiempo y olvidarse de todas las preocupaciones.
Culminación y regreso a la realidad
El domingo se considera el punto álgido del carnaval. Ese día tiene lugar el gran desfile principal, en el que participan todos: desde los más pequeños hasta los mayores. Máscaras, disfraces, carrozas y, por supuesto, los cigarróns, todo se funde en un torrente de alegría y energía. El ambiente es tan envolvente que incluso los transeúntes más despistados acaban uniéndose al desfile.
El lunes está marcado por otra batalla de harina y el martes se celebra el último desfile. Ya el miércoles la ciudad poco a poco retorna a su rutina habitual, aunque los recuerdos del carnaval permanecen mucho tiempo en los corazones de vecinos y visitantes.
Mucho más que una fiesta
El carnaval de Verín no es solo diversión y bullicio. Es parte del código cultural de Galicia, una manera de mantener el vínculo con el pasado y transmitir las tradiciones a nuevas generaciones. Muchos acuden no solo por el espectáculo, sino también para sentirse parte de algo grande y auténtico.
Durante estos días, la ciudad se convierte en centro de atracción para turistas de toda España e incluso del extranjero. Además del carnaval, Verín es conocido por sus termas, su antigua fortaleza y la tradición vitivinícola. Aquí se puede no solo disfrutar de la fiesta, sino también descubrir nuevas facetas de la cultura gallega.
El Entroido de Verín es un fenómeno único que combina rituales ancestrales, diversión contemporánea y una atmósfera incomparable. Quienes han vivido el carnaval aquí, se marchan con la sensación de haber presenciado algo realmente especial.
El carnaval de Verín, o Entroido de Verín, es una de las fiestas más emblemáticas y reconocibles del norte de España. Su historia se remonta a épocas precristianas y sus tradiciones actuales se han conformado a lo largo de los siglos. Los cigarróns, sus principales símbolos, se han convertido en parte inseparable de la cultura local y en la seña de identidad de la región. Cada año, la celebración atrae a miles de visitantes, convirtiendo esta pequeña ciudad en epicentro para los amantes de las tradiciones singulares y las emociones intensas.












