
Cuando el calor del verano da paso a la brisa fresca del Atlántico y las multitudes de turistas se dispersan, la costa oriental de Cantabria revela su auténtico carácter. Es en esta época del año cuando el pequeño pueblo costero de Noja se convierte en un refugio predilecto para quienes buscan tranquilidad. Entre ellos, destaca el conocido actor Mario Casas, que junto a su familia encuentra aquí un remanso de paz lejos del bullicio de la capital y del foco mediático, refugiándose en su casa con vistas al mar Cantábrico.
La temporada baja transforma este popular destino en un reino de calma. Las terrazas bulliciosas de los cafés estivales quedan en silencio, y la verdadera banda sonora de la costa pasa a ser el rumor de las olas y el silbido del viento entre las rocas. El otoño tiñe los paisajes de tonos dorados y cobrizos, resaltando la naturaleza salvaje de la zona. Las playas de Ris y Trengandín, de las más extensas de España, se muestran en todo su esplendor. Ris, con vistas a la isla de San Pedruco, atrae a surfistas y a quienes disfrutan de los paseos al atardecer. Trengandín, que se extiende seis kilómetros, invita a largas caminatas junto al agua, donde entre dunas y formaciones rocosas uno puede sentirse en el mismísimo fin del mundo.
Pero Noja no es solo su costa. Desde la orilla, parten pintorescos senderos señalizados como “Rutas Azules” por su valor ecológico. Los caminos atraviesan las marismas de Joyel y el monte Brusco, donde los prados de intenso verde dan paso a bosques de tonos rojizos. Estos senderos conducen a miradores naturales con vistas impresionantes al mar y a la sierra de Miedo. En los días despejados, se puede contemplar prácticamente toda la costa este de la región. Son lugares ideales para reconectar con la naturaleza.
La joya ecológica del municipio es el Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel. Este humedal de más de 6.000 hectáreas es refugio para miles de aves migratorias y atrae a ornitólogos de toda Europa. En el corazón del parque se encuentra un antiguo molino de mareas del siglo XVII, restaurado y convertido en centro de interpretación que acerca a los visitantes a la extraordinaria biodiversidad de la zona.
El casco histórico del pueblo también guarda sus secretos. Aquí se puede visitar la sobria iglesia de San Pedro del siglo XVI, que conserva su carácter marinero, y el majestuoso Palacio del Marqués de Albaicín, hoy transformado en Casa de la Cultura. Su arquitectura de estilo indiano evoca la época en que los vecinos regresaban ricos de las colonias americanas. Pasear por las calles antiguas, junto a las casonas de Casa Palacio de Venero y el chalet Leonardo Rucabado, permite sumergirse en la atmósfera del pasado.
No se puede comprender plenamente la identidad local sin explorar su gastronomía. La cocina de Noja se basa en los productos del mar: lubina, cangrejos, mariscos y calamares preparados de manera sencilla, pero con gran maestría. Los restaurantes locales invitan a disfrutar del pescado más fresco con el sonido de las olas de fondo. A esta experiencia se suman quesos artesanales y contundentes platos tradicionales de la cocina cántabra. Aunque las principales festividades, como San Juan y San Pedro, se celebran en verano, en otoño las sensaciones gastronómicas adquieren un sabor muy especial.
Llegar a este rincón de Cantabria es sencillo. En coche, hay que tomar la autopista A-8 (Autovía del Cantábrico) hasta la salida hacia Beranga, desde donde una carretera local conduce en pocos minutos al centro del municipio. También existe un servicio regular de autobuses desde Santander y Bilbao, operado por ALSA. Gracias a esta excelente conexión, cada vez más viajeros descubren Noja, sobre todo en la época del año en que muestra su lado más auténtico y sereno.












