
Hoy, en su 53º cumpleaños, es probable que la reina Letizia no celebre grandes festejos. Tiene por delante una visita de Estado a Egipto, mientras que sus seres queridos —sus hijas Leonor y Sofía, y su madre— se encuentran lejos. Sin embargo, este discreto día en familia resalta aún más el contraste con los últimos doce meses, marcados por acontecimientos tanto históricos como personales. En este tiempo, los archivos de la Casa Real y de las principales agencias de noticias se han llenado de imágenes que quedarán en la memoria y definen a la perfección la etapa actual en la vida de la monarca española.
Uno de los momentos más emotivos, sin duda, tuvo lugar en enero de este año en el puerto de Cádiz. Toda España fue testigo de la despedida entre madre e hija cuando la princesa Leonor subió a bordo del buque escuela «Juan Sebastián de Elcano» para iniciar una travesía de cinco meses. La escena estuvo cargada de emociones genuinas. La reina no ocultó las lágrimas mientras buscaba entre las filas de cadetes a su “niña”, como ella misma la definió ante los periodistas. El rey Felipe, vestido con el uniforme de gala de comandante en jefe de la Armada, intentó consolar a su esposa, pero el corazón de una madre rebosaba sentimientos fácilmente comprensibles para todos.
El año pasado también puso de manifiesto el impecable sentido del estilo y el tacto diplomático de la reina en el ámbito internacional. En mayo, durante la ceremonia de inicio del pontificado del nuevo papa León XIV, Letizia aprovechó el «privilège du blanc», el privilegio de que las reinas católicas aparezcan ante el Pontífice vestidas de blanco. Su atuendo de Redondo Brand, acompañado de una mantilla de la casa sevillana Lina, fue considerado un ejemplo de elegancia. Ya en diciembre de 2024, durante una visita a Italia, los fotógrafos captaron en el Palacio del Quirinal una reacción espontánea y humana de la reina: un gesto de impaciencia que la hizo parecer más cercana y comprensible al público.
No menos relevantes fueron los acontecimientos vinculados con el arte y la vida académica. En noviembre del año pasado, se presentó en el Banco de España el esperado retrato de los reyes realizado por la célebre Annie Leibovitz. Para esta ocasión, Letizia eligió un vestido vintage de Balenciaga que anteriormente perteneció a María Junyent, creando así un vínculo simbólico entre diferentes épocas. En febrero de 2025, cuando la Universidad de Alcalá concedió al rey Felipe el título de doctor honoris causa, todos quedaron cautivados por la mirada de Letizia hacia su esposo. Esa imagen, llena de admiración y cariño, se difundió rápidamente en redes sociales, mostrando el lado más íntimo de la relación real.
Cada uno de estos episodios —desde las lágrimas maternas hasta los triunfos de moda y las instantáneas virales— conforma un retrato polifacético de la reina contemporánea. No solo cumple sus deberes protocolarios, sino que vive plenamente, siendo un ícono de estilo, madre afectuosa y un pilar para su esposo y toda la nación.












