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Por qué las autoridades ignoran los proyectos hidroeléctricos y quién ha pagado el precio

Пять андалузских плотин на грани — впечатляющее спасение, когда стихия уже подступила, судьба сотен тысяч жителей в руках инженерии, удивительные подробности

Pérdidas millonarias, campos arrasados y miles de vidas salvadas: el impacto de las tormentas en Andalucía ha superado todas las previsiones. Pero han sido las grandes presas las que frenaron el avance del desastre. ¿Cuál es el coste de retrasar nuevos proyectos? Descúbrelo en nuestro reportaje.

Las recientes tormentas en Andalucía tuvieron consecuencias mucho más graves de lo que anticipaban incluso los pronósticos más pesimistas. El temporal azotó la región con tal intensidad que la agricultura quedó al borde del colapso: se destruyeron carreteras, se dañaron las estaciones de bombeo y los sistemas de riego requieren una reconstrucción urgente. Sin embargo, a pesar de la magnitud de los daños, la región evitó un verdadero desastre—todo gracias a cinco grandes presas que soportaron el embate principal de las aguas.

De no ser por estas infraestructuras hidráulicas, las consecuencias podrían haber sido irreversibles: decenas de localidades habrían quedado bajo el agua y más de 300.000 residentes se habrían encontrado en situación de riesgo. Evacuaciones masivas, pérdidas de cosechas y casas destruidas se habrían convertido en la realidad de miles de familias. Pero las presas contuvieron la crecida, impidiendo que los ríos se desbordaran e inundaran amplias zonas.

El precio de la inacción

Sin embargo, tras el aparente éxito se esconde una preocupante realidad: en los últimos años, en Andalucía prácticamente no se han impulsado nuevos proyectos hidráulicos. Desde 2009 no se ha puesto en marcha ninguna presa de envergadura, y de las doce infraestructuras previstas solamente dos alcanzaron la fase de licitación—y ambas quedaron paralizadas. El incumplimiento sistemático de los planes hidrológicos ha puesto en riesgo no solo la agricultura, sino también la seguridad de ciudades enteras.

Como resultado, los agricultores y habitantes de la región se ven obligados a pagar el precio del retraso de las autoridades: cosechas perdidas, explotaciones arruinadas y el temor a un nuevo desastre natural se han convertido en parte de la vida cotidiana. Mientras los políticos debaten sobre prioridades, la gente común enfrenta las consecuencias reales de la inacción.

Diques frente a la ideología

Resulta especialmente indignante que quienes se oponen a la construcción de nuevos diques suelen ser los mismos que alertan sobre los riesgos asociados al cambio climático. Es un paradoja: por un lado, se hace un llamado a proteger el medio ambiente, pero por otro se ignora la necesidad de regular los caudales de agua, algo que se vuelve crucial ante sequías más frecuentes y lluvias repentinas.

La infraestructura hidráulica no solo garantiza la cosecha, sino que es una herramienta clave para adaptarse a las nuevas realidades climáticas. Sin diques modernos ni sistemas de gestión del agua, la región permanece vulnerable ante desastres naturales, y cualquier debate ideológico pasa a segundo plano cuando está en juego la vida y la seguridad de las personas.

Lecciones de las tormentas

Los acontecimientos recientes han sido un duro recordatorio de que retrasar la modernización de la infraestructura puede acabar en tragedia. Para muchos agricultores, este año ha sido una verdadera prueba: los cultivos de invierno se perdieron y las esperanzas de recuperación se han visto socavadas por la falta de apoyo e inversión. Según los productores, las autoridades deben dejar de lado los prejuicios y acelerar la puesta en marcha de proyectos esenciales.

La cuestión sobre el futuro de la agricultura andaluza y la seguridad de la población sigue sin resolverse. Mientras unos debaten la conveniencia de construir nuevas presas, otros ya calculan las pérdidas y se preparan para nuevos embates de la naturaleza. Una cosa está clara: sin acciones decididas, la situación podría repetirse, y entonces el coste de la demora será aún mayor.

La Asociación de Agricultores y Comunidades de Regantes de Andalucía, conocida como Feragua, desempeña un papel clave en la defensa de los intereses del sector agrario en la región. La organización agrupa a miles de productores que luchan por la modernización de la infraestructura hidráulica y una distribución justa de los recursos. En los últimos años, Feragua ha reclamado en repetidas ocasiones la necesidad de nuevas inversiones y ha advertido sobre los riesgos derivados de la inacción de las autoridades. Gracias a su labor, el problema se mantiene en el foco público, aunque los cambios reales aún están por llegar.

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