
Mientras Jeff Bezos disfrutaba del verano preparándose para una lujosa boda en Venecia, su exesposa MacKenzie Scott vivía en una realidad completamente distinta, tanto mental como financieramente. La escritora y filántropa de 55 años, que tras su divorcio en 2019 se convirtió en una de las mujeres más ricas del mundo con una fortuna de 38 mil millones de dólares y el 4% de las acciones de Amazon, eligió un camino alejado del lujo y la exposición pública. En lugar de disfrutar de su riqueza, decidió dedicarla a la filantropía, declarando su intención de donar su dinero a buenas causas hasta que su “caja fuerte se quede vacía”. Precisamente en el marco de esta misión altruista deben interpretarse sus recientes movimientos financieros, que han llamado la atención del mundo empresarial.
Durante el último año, la californiana redujo casi a la mitad su participación en el gigante del comercio electrónico. Vendió 58 millones de acciones, lo que supone el 42% de su paquete anterior. El valor total de los títulos vendidos alcanzó la impresionante cifra de 12.600 millones de dólares. Muchos analistas interpretaron esta medida como la clara intención de MacKenzie Scott de romper de manera definitiva y lo más pronto posible todos sus lazos con la empresa fundada por su exmarido.
A pesar de una venta tan significativa, Mackenzie Scott sigue siendo una de las principales accionistas, con 81,1 millones de acciones de Amazon. Por ahora no está claro si su participación disminuyó únicamente a través de ventas o si también transfirió parte de las acciones como donaciones. De cualquier modo, su fortuna actual se estima en 32.400 millones de dólares, lo que la sitúa en el puesto 66 de las personas más ricas del mundo. Desde que se unió en 2020 a la iniciativa “The Giving Pledge”, fundada por Bill Gates, Melinda French Gates y Warren Buffett, ha superado a muchos multimillonarios en volumen de filantropía. Desde su divorcio, Scott ha destinado cerca de 19.000 millones de dólares a casi dos mil organizaciones sin ánimo de lucro. Paradójicamente, incluso con estos gastos tan altos, su capital apenas ha disminuido, ya que el valor de las acciones de Amazon sigue aumentando.
Su filosofía revolucionaria de la filantropía se basa en la total ausencia de control sobre los beneficiarios de los fondos. Les otorga completa libertad para gestionar el dinero, eliminando auditorías, trámites burocráticos y largos procesos de solicitud de subvenciones. Este enfoque es tan inusual que algunas organizaciones, cuando recibieron por primera vez el contacto del equipo de Scott, inicialmente pensaron que se trataba de un fraude.
MacKenzie y Jeff se casaron en 1993, un año antes de la fundación de Amazon. Se conocieron en el fondo de cobertura D. E. Shaw en Nueva York, donde ella trabajaba como asistente y él era vicepresidente senior. Scott desempeñó un papel clave en los inicios de Amazon: llevaba la contabilidad, aportaba ideas y ayudaba con el envío de los primeros pedidos. Durante 25 años de matrimonio, la pareja tuvo cuatro hijos. En 2019, anunciaron su divorcio y publicaron una declaración conjunta en la que aseguraban mantener una relación amistosa. Sin embargo, esto estuvo precedido por un escándalo: poco antes del anuncio oficial, un tabloide reveló la relación de Bezos con la periodista Lauren Sánchez, publicando su correspondencia personal. En ese momento, el magnate acusó al medio de intentar chantajearlo.
Como parte del histórico acuerdo de divorcio, la escritora conservó el 4% de las acciones de Amazon, pero renunció a sus participaciones en el periódico The Washington Post y en la empresa aeroespacial Blue Origin.












