
Los elementos de tierras raras dejaron hace tiempo de ser una curiosidad reservada a especialistas. Hoy en día, son un recurso estratégico imprescindible para la fabricación de vehículos eléctricos, teléfonos inteligentes modernos e incluso la industria de defensa. En 2025, la distribución mundial de estos metales se asemeja a un tablero de ajedrez, donde las piezas clave están repartidas de manera muy desigual.
China mantiene con firmeza su liderazgo, concentrando casi la mitad de todas las reservas mundiales conocidas de tierras raras: 44 millones de toneladas. Esta cifra impresiona, especialmente considerando que su competidor más cercano, Brasil, posee apenas 21 millones de toneladas. Estados Unidos, a pesar de ser la economía más grande del mundo, sólo dispone de 1,9 millones de toneladas, lo que equivale aproximadamente al 2% del total global. Esta concentración de recursos en manos de unos pocos países está definiendo nuevas reglas en el mercado internacional.
Geografía de la influencia
Si observamos el mapa, resulta evidente que la mayor parte de los elementos de tierras raras se concentra en Asia y Sudamérica. Además de China y Brasil, existen importantes reservas en la India (6,9 millones de toneladas) y Australia (5,7 millones de toneladas). Rusia y Vietnam también figuran entre los principales actores, superando incluso a Estados Unidos en cuanto al volumen de estos recursos.
En conjunto, seis países — China, Brasil, India, Australia, Rusia y Vietnam — controlan cerca del 80% de las reservas conocidas. Esto genera una situación única: las economías desarrolladas de Europa y América del Norte dependen de la importación y suministros externos, lo que las hace vulnerables frente a riesgos geopolíticos y restricciones comerciales.
Tecnología y política
Los metales de tierras raras no son solo materias primas para la producción. Son la base de las tecnologías más avanzadas: desde baterías para vehículos eléctricos hasta sistemas de navegación y complejos de defensa. Por eso la competencia por el acceso a estos recursos se intensifica cada vez más.
En los últimos años, Estados Unidos ha intentado activamente reducir su dependencia de los suministros chinos. El gobierno está invirtiendo en el desarrollo de sus propios yacimientos, acelerando la concesión de permisos de extracción y buscando socios entre sus aliados. Australia se está consolidando como uno de los actores clave en esta nueva coalición, mientras que las relaciones con Brasil, Canadá e India siguen siendo complejas y a menudo contradictorias.
Economía y seguridad
La escasez de metales de tierras raras puede paralizar industrias enteras. Por eso, las principales potencias buscan no solo aumentar su propia producción, sino también diversificar las cadenas de suministro. En octubre de 2024, Estados Unidos y China alcanzaron un acuerdo temporal para reducir los aranceles a cambio de garantías de suministros estables de tierras raras. Sin embargo, expertos advierten que este tipo de acuerdos podrían ser efímeros.
En Europa también crece la preocupación: la limitada disponibilidad de recursos propios obliga a los países de la UE a buscar fuentes alternativas y a firmar contratos a largo plazo con proveedores de Asia y Sudamérica. Al mismo tiempo, las exigencias medioambientales y las protestas de las comunidades locales dificultan la puesta en marcha de nuevos proyectos de extracción dentro de la propia Unión Europea.
Retos globales
La demanda de tierras raras sigue aumentando, impulsada por el desarrollo de tecnologías verdes y la transición hacia una economía baja en carbono. Según estimaciones de analistas, para 2030 la necesidad de estos metales podría duplicarse. Esto significa que la competencia por el acceso a las materias primas seguirá intensificándose, y también lo harán los riesgos geopolíticos.
En un escenario donde unos pocos países controlan la mayor parte de las reservas mundiales, incluso pequeños cambios en las políticas de exportación o en la regulación interna pueden provocar fuertes sacudidas en el mercado. Para España, al igual que para la mayoría de los países europeos, garantizar suministros estables es un reto cada vez más relevante.
Si no lo sabía, China es el mayor productor y exportador mundial de metales de tierras raras; no solo concentra casi la mitad de todas las reservas, sino también una parte significativa del procesamiento. Brasil ocupa el segundo lugar en cuanto a recursos, aunque su participación en las exportaciones globales aún es pequeña. Estados Unidos invierte activamente en el desarrollo de su propia extracción, pero sigue dependiendo de suministros externos. Australia e India también están aumentando la producción, buscando un papel más relevante en el mercado global. En los últimos años, la atención a estos países ha ido en aumento, ya que su política es clave para la estabilidad de las cadenas tecnológicas globales.












