
En los últimos años, el impacto del alcohol en la salud cerebral genera cada vez más debates. Un estudio reciente, que incluyó a cerca de 300 mil personas, cuestionó las creencias consolidadas sobre el daño que pueden causar incluso pequeñas dosis de alcohol. Se descubrió que quienes tomaban una o dos copas de vino o cerveza al día sufrían demencia con menor frecuencia que los abstemios totales. Este efecto se observó independientemente de si el alcohol se consumía durante las comidas o aparte, y sin relación con el tipo de bebida.
Los resultados sorprendieron incluso a los propios investigadores. Contrario a los temores previos, el consumo leve o moderado de alcohol se asoció a una notable reducción en el riesgo de desarrollar demencia. Según los científicos, la probabilidad de enfrentarse a esta enfermedad fue un 35% menor entre los bebedores moderados en comparación con quienes se abstienen totalmente del alcohol.
Detalles del estudio
El trabajo se realizó en la UK Biobank, la mayor plataforma británica que almacena datos médicos de cientos de miles de voluntarios. Analistas de la Universidad de Sozhou (China) compararon los hábitos de consumo de alcohol con los casos posteriores de demencia. La muestra incluyó hombres y mujeres de distintas edades, lo que permitió obtener una imagen lo más objetiva posible.
Es interesante que el efecto positivo solo se observó con un consumo moderado. Aquellos que bebían más de tres pintas de cerveza fuerte o tres copas grandes de vino al día no obtenían ninguna protección frente a la demencia. Además, el abuso de alcohol, como antes, seguía siendo un factor de riesgo para la salud cerebral.
¿Qué significa «moderado»
En el marco del estudio, el consumo moderado se definió como no más de dos o tres copas pequeñas de vino o un par de pintas de cerveza al día. Según los científicos, este hábito no solo no perjudicaba, sino que también podía ofrecer un efecto protector para el cerebro. Es importante destacar que se trata de un consumo regular, pero no excesivo.
Los autores del estudio subrayan que entre los abstemios había bastantes personas que en el pasado abusaron del alcohol y luego lo abandonaron por completo. Este grupo, en concreto, mostró un riesgo más alto de demencia, lo que posiblemente distorsiona las estadísticas generales. Sin embargo, incluso teniendo en cuenta este factor, la relación entre el consumo moderado y la reducción del riesgo de la enfermedad se mantenía.
Contradicciones y nuevos interrogantes
Los resultados del estudio contradicen las conclusiones de otros trabajos previos, donde se afirmaba que incluso pequeñas dosis de alcohol eran perjudiciales para el cerebro. Por ejemplo, expertos de la Universidad de Oxford no encontraron antes ningún efecto positivo del alcohol sobre las funciones cognitivas. Los nuevos datos obligan a replantear estas ideas y buscar explicaciones al efecto inesperado.
Entre las posibles causas, los científicos señalan la influencia del alcohol en los vasos sanguíneos y el metabolismo cerebral. Sin embargo, el mecanismo exacto aún no está claro. Los investigadores piden no sacar conclusiones apresuradas ni tomar estos resultados como una guía para la acción. Cada caso es único, y cualquier cambio en el estilo de vida debe consultarse con un médico.
Demencia en Europa
Actualmente, la demencia es una de las principales causas de mortalidad en Reino Unido y otros países europeos. La enfermedad supera incluso a las patologías cardiovasculares y al cáncer en este indicador. Por ello, cualquier dato nuevo sobre prevención despierta un gran interés entre especialistas y el público general.
Mientras los científicos siguen estudiando cómo diversos factores influyen en el riesgo de desarrollar demencia, los resultados de un reciente estudio ya han generado un intenso debate en la comunidad médica. Algunos expertos creen que el consumo moderado de alcohol podría ser realmente beneficioso, mientras que otros llaman a la cautela y recuerdan los riesgos del abuso.
Si no lo sabías, UK Biobank es la mayor base de datos médicos de Europa, creada para estudiar el impacto del estilo de vida y la genética en la salud. El proyecto cuenta con la participación de cientos de miles de voluntarios británicos, que comparten información sobre su alimentación, hábitos y enfermedades. Gracias a estos datos, científicos de todo el mundo tienen oportunidades únicas para analizar y descubrir nuevas tendencias en la medicina.












