
A orillas del río Sil, donde la naturaleza y la historia se entrelazan en perfecta armonía, se alza un puente que no encaja en ningún canon arquitectónico tradicional. Sus arcos parecen desafiarse entre sí: ninguno es igual al otro, y precisamente esta asimetría deja perplejos incluso a quienes están habituados a las formas clásicas. Un puente que ha visto pasar siglos y sigue siendo un enigma para quienes lo visitan.
Desde el primer momento queda claro: no estamos ante un simple paso antiguo, sino ante un monumento que guarda huellas de distintas épocas. Sus líneas irregulares invitan a la reflexión —¿por qué los constructores rechazaron la simetría, qué motivó esta solución tan singular? Las respuestas se escapan, pero la curiosidad solo aumenta.
Raíces romanas
Los orígenes de este puente se remontan a siglos atrás, cuando importantes rutas del Imperio Romano atravesaban estas tierras. La estructura une dos localidades gallegas — Petín y A Rúa, y su historia comienza en tiempos de los emperadores Tito y Domiciano. Por aquí pasaba la célebre Vía Nova, que conectaba Bracara y Asturica, y el puente era un eslabón clave en este trayecto.
Hasta nuestros días solo han sobrevivido algunos fragmentos de la obra romana original — enormes sillares que pueden reconocerse en la base del cuarto pilar y en varias hileras del segundo vano. Pese a las numerosas reformas, son estos detalles los que recuerdan su origen milenario. El resto es fruto de siglos de esfuerzo y continuas transformaciones.
Arcos sin reglas
El aspecto actual del puente lo definen cinco arcos, cada uno con su propia historia. Cuatro tramos presentan una forma apuntada, mientras que el central es un semicírculo clásico que permite al agua fluir libremente incluso durante las crecidas. Su anchura casi llega a los veinte metros, algo poco común para este tipo de estructuras.
Los constructores eligieron este lugar por una razón concreta: una roca granítica en la orilla izquierda crea un estrechamiento natural del río y sirve como soporte fiable. Gracias a esto, los pilares se colocaron fuera del cauce principal, lo que otorgó solidez y durabilidad a la construcción. Esta solución técnica explica por qué los arcos son tan diferentes: cada tramo se adaptó a las particularidades del paisaje.
A prueba del tiempo
El destino del puente nunca fue sencillo. A lo largo de su larga historia fue destruido y restaurado en varias ocasiones. En el siglo XVI, casi toda la estructura colapsó y en 1577 la reconstruyó el maestro Juan de Naveda. Más tarde, en el siglo XVII, se requirieron nuevamente importantes trabajos. También se conocen otras reconstrucciones en los siglos XIV, XVI y XVIII.
En el siglo XX, la construcción de la central hidroeléctrica de San Martiño influyó en el destino del puente. El nivel del agua subió, cubriendo parte de los pilares y se introdujo hormigón en uno de los tramos, una intervención poco acertada que alteró la integridad histórica. Hoy, el puente está abierto solo para peatones: los vehículos cruzan por un viaducto moderno, mientras que la antigua pasarela queda para quienes disfrutan de paseos tranquilos y de la atmósfera del pasado.
El puente como símbolo
Este puente no es solo una obra de ingeniería, sino un verdadero símbolo de cambio y resistencia. Su heterogeneidad se ha convertido en su sello distintivo y su historia es motivo de debates e investigaciones. Los turistas que llegan aquí no pueden evitar detenerse: cada rincón, cada grieta en la piedra narra la época en que Galicia era un cruce de civilizaciones.
Los habitantes locales sienten orgullo por este monumento, y los viajeros regresan una y otra vez para experimentar el pulso de la historia. El puente parece invitar a la reflexión: ¿qué es más importante: la forma perfecta o la capacidad de resistir ante cualquier adversidad?
Si no lo sabías, el puente A Cigarrosa es uno de los monumentos más singulares de Galicia, que ha sobrevivido no solo al paso de los siglos, sino también a numerosas reconstrucciones. Su arquitectura única y raíces ancestrales lo convierten en una parada obligatoria para quienes se interesan por la historia y la cultura de la región. Hoy, el puente está abierto a peatones y sigue sorprendiendo a todos los que se atreven a cruzar sus losas de piedra.












