
Lejos de las bulliciosas rutas turísticas, en el corazón de la España verde, se extiende una comarca donde el eco del pasado resuena al compás del susurro de frondosos bosques centenarios. Esta es la comarca de Os Ancares, en la provincia de Lugo, una tierra que no se apresura a revelar sus secretos al viajero casual. Aquí, entre ríos serpenteantes y montañas cubiertas de espesos bosques, se esconde el municipio de Navia de Suarna: un auténtico portal a la Galicia más genuina, reconocido por la UNESCO como reserva mundial de la biosfera. Es un lugar donde el viaje se convierte en exploración, y cada recodo del sendero promete un nuevo descubrimiento, ya sea un antiguo castro o una playa fluvial de aguas cristalinas.
El legado de civilizaciones antiguas
La tierra de Navia de Suarna está impregnada de una historia que se remonta a la época prerromana. Por toda la región se encuentran más de una veintena de castros — asentamientos fortificados de antiguas tribus celtas, que construían sus hogares en la cima de las colinas para tener una vista estratégica de los valles. Una caminata hasta las ruinas de Castro de Cantón, Linhares o Coedo no es solo contemplar piedras: es la oportunidad de acercarse a un mundo que existió mucho antes de la llegada de los romanos, de sentir la fuerza y sabiduría de quienes vivían en completa armonía con una naturaleza dura pero generosa. Además de los castros, el paisaje está salpicado de dólmenes y túmulos funerarios llamados “mamoas”, silenciosos guardianes de antiguos secretos. Estas construcciones megalíticas, envueltas en leyendas, crean una atmósfera particular y misteriosa que invita a reflexionar sobre la ciclicidad del tiempo y la fragilidad de la vida humana.
El corazón medieval de A Proba
Centro administrativo del municipio, la localidad de A Proba creció bajo la protección del imponente castillo de Altamira. Esta fortaleza, cuyas primeras menciones se remontan al año 1037, no solo fue una estructura defensiva, sino un punto clave que controlaba importantes rutas comerciales y de peregrinación en la Edad Media. Hoy, sus muros conservan la memoria de caballeros, señores feudales y de las innumerables historias que se desarrollaron a sus pies. La tarjeta de presentación de A Proba es el Puente Viejo, o Ponte Vella. Su único y elegante arco apuntado, que se eleva 13 metros sobre el río Navia, es una auténtica obra maestra de la ingeniería medieval y uno de los lugares favoritos para los fotógrafos. Paseando por sus estrechas callejuelas se pueden descubrir otros tesoros, como la iglesia de Santa María de Rao, con retablos únicos del siglo XV, o el templo de Barcia, que conserva un ábside románico del siglo XII. Cada edificio aquí es una página de la crónica de piedra de la región.
Un oasis natural con estatus de reserva de la biosfera
Navia de Suarna no es solo un museo al aire libre, sino también un enclave natural único. Su designación como reserva de la biosfera por la UNESCO y su inclusión en la red europea Natura 2000 confirman el excepcional valor de sus ecosistemas. Profundos valles, esculpidos por ríos caudalosos, y laderas de montaña cubiertas de bosques de castaños y robles conforman paisajes de una belleza impresionante. Durante los calurosos meses de verano, tanto vecinos como visitantes acuden al río, donde se han acondicionado excelentes zonas recreativas. En la propia A Proba, junto al río, hay un área de recreo con caminos sombreados, zona de juegos infantiles y espacios para picnic. Aquí se encuentran además playas fluviales, como la popular playa de Vanzado, ideales para refrescarse en sus aguas cristalinas y evadirse del bullicio. Es un lugar perfecto para quienes buscan tranquilidad y desean recargar energías en plena naturaleza.
Por senderos del pasado y del presente
Para los amantes de las actividades al aire libre, la región ofrece una extensa red de rutas de senderismo para todos los gustos y niveles de preparación. El corto sendero de Penedo da Forca, de solo 3,2 kilómetros, es ideal para un paseo familiar tranquilo. Permite descubrir la arquitectura tradicional gallega: los antiguos graneros ‘hórreos’ sobre pilares de piedra y la ya mencionada iglesia románica en Barcia. La ruta de A Retorta, de cinco kilómetros, lleva a los viajeros por pintorescas estribaciones, ofreciendo vistas panorámicas de los valles. Y para los más resistentes y curiosos, existe un recorrido de 24 kilómetros por el valle del río Rao. Es una auténtica inmersión en el pasado: el sendero conecta varios pueblos abandonados, donde entre las ruinas aún se pueden apreciar restos de las tradicionales viviendas circulares ‘pallozas’ y viejos graneros. Esta ruta no es solo un desafío físico, sino un viaje filosófico a los orígenes, a la vida que alguna vez floreció en estos ahora tranquilos y solitarios parajes.












