
El 15 de diciembre de 1960 fue un acontecimiento de gran relevancia nacional para España. Miles de familias compraron televisores o se reunieron en casas vecinas para presenciar la boda de su compatriota, la aristócrata Fabiola de Mora y Aragón, con el rey Balduino de Bélgica. La ceremonia, celebrada en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula en Bruselas, donde la novia lució un vestido diseñado por Balenciaga, fue transmitida en directo y marcó la primera experiencia del país conectándose a la red de Eurovisión. Las autoridades aprovecharon ese matrimonio como un escaparate, presentando a Fabiola como la personificación ideal de los valores españoles: noble linaje, profunda religiosidad y modales impecables. Fue un triunfo para el régimen, que logró “regalar” al monarca una esposa encontrada precisamente en España.
Fabiola Fernanda María de las Victorias Antonia Adelaida de Mora y Aragón nació el 11 de junio de 1928 en el palacio familiar de Madrid. Era la sexta de siete hijos de los marqueses de Casa Riera. La reina Victoria Eugenia fue su madrina. Recibió una educación sobresaliente: estudió pintura y música, hablaba con fluidez varios idiomas europeos y más adelante aprendió también neerlandés. Tras obtener el título de enfermera, se dedicó a la caridad y al cuidado de sus sobrinos. Quienes la rodeaban destacaban su profunda devoción religiosa; Fabiola incluso consideró seriamente tomar los hábitos. Con la llegada de la República en 1931, su familia se vio obligada a abandonar España y refugiarse primero en Francia y posteriormente en Lausana, Suiza.
La familia de Mora y Aragón, como la mayoría de la aristocracia, apoyó sin dudar el golpe franquista, rechazando las ideas republicanas y apostando por la restauración de la monarquía. El hermano mayor de Fabiola, Gonzalo, se alistó como voluntario en el ejército nacional con tan solo 17 años. Este capítulo de la biografía familiar trajo posteriormente más de un quebradero de cabeza al gobierno belga. Cuando se anunció el compromiso, el primer ministro de Bélgica tuvo que asegurar especialmente a sus colegas que la familia de la novia no estuvo directamente implicada en la guerra civil, ya que en Bruselas simpatizaban con los republicanos.
A pesar de su nuevo estatus, Fabiola nunca rompió los lazos con su tierra natal. Fue precisamente en Andalucía donde los recién casados pasaron su luna de miel, alojándose en una finca aislada en la provincia de Córdoba en busca de recogimiento espiritual. La pareja real solía visitar a sus familiares en Zarauz, en el País Vasco, y posteriormente adquirieron su propia villa en Motril, en la costa de Granada. Balduino llegó a amar España tanto como su esposa, y su ciudad favorita fue Ávila.
Fue en la terraza de su casa en Motril, llamada «Villa Astrida», donde el 31 de julio de 1993 falleció el rey Balduino a la edad de 62 años. Murió de un ataque al corazón mientras contemplaba el mar Mediterráneo. Hoy, esta casa, llena de objetos personales, fotografías e incluso el sillón en el que murió el monarca, funciona como un memorial a su memoria. La pareja también tenía una residencia de verano en la localidad navarra de Elío.
Fabiola mantenía una relación cercana con la familia real española. Recordaba con una sonrisa cómo, durante una de sus visitas a Granada, enseñó al futuro rey Felipe VI a jugar al tenis. Una de sus amigas más íntimas era la duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart; ambas tenían edades similares y fallecieron el mismo año. La reina también era una peregrina frecuente en Santiago de Compostela, adonde acudía en los años jacobeos.
Sin embargo, detrás de la fachada de visitas familiares y lazos culturales, se ocultaba otra historia mucho más delicada: la estrecha y discreta relación de la pareja real con Francisco Franco. Esta amistad iba mucho más allá del protocolo diplomático. La familia del dictador regaló a Fabiola una tiara de esmeraldas en su boda, que, como se supo más tarde, estaba adornada con piedras falsas. Este embarazoso incidente no afectó su relación. Balduino y Fabiola se reunieron varias veces con el caudillo, compartieron comidas en su yate «Azor» y mantuvieron una animada correspondencia. El monarca belga firmaba sus cartas como “tu leal Balduino”. Este vínculo, que se mantuvo hasta la muerte de Franco en 1975, generó gran preocupación en Bruselas y fue cuidadosamente ocultado.
La biógrafa belga Anne Morelli afirmó en su libro que el régimen de Franco utilizó a la reina con fines propagandísticos, llamándola «marioneta del caudillo». Los últimos veinte años de su vida, Fabiola los pasó en reclusión. Los belgas siempre adoraron a su reina, quien falleció el 5 de diciembre de 2014. La principal tragedia de su vida fue la falta de hijos: sufrió cinco abortos espontáneos. Tras la muerte de Baudouin, el trono pasó a su hermano Alberto II, y luego a su sobrino Felipe.












