
La aparición de la reina Mary con una tiara inusual en actos oficiales se convirtió en todo un acontecimiento para los seguidores de las casas reales europeas. Su decisión inesperada —adquirir la joya en una subasta en lugar de heredarla siguiendo la tradición— generó un gran debate en la sociedad danesa y más allá. Este gesto no solo subrayó el deseo de Mary de actuar con independencia, sino que se transformó en un símbolo de cambio en la familia real, donde las elecciones personales cada vez ocupan un papel más destacado.
A diferencia de la mayoría de las representantes de las casas reales, Mary no se limitó a lucir las joyas familiares. Durante su visita a los países bálticos mostró varias piezas, cada una con su propia historia. Especial atención recibió la tiara que la reina adquirió en una subasta danesa, incorporándola a su colección personal. Esta joya, que puede transformarse en collar y cuenta además con pendientes a juego, se convirtió no solo en una declaración de moda, sino también en un desafío a las normas establecidas.
Elección personal
En Estonia, Mary lució una tiara que anteriormente había pertenecido a la reina Margrethe, y en Lituania, llevó esa misma pieza excepcional adquirida en subasta, ajena al vestuario tradicional de la familia real. La compra de este conjunto en 2012 resultó una sorpresa: por 9.000 euros, Mary adquirió un juego eduardiano de diamantes rosados, rubíes y espinelas enmarcados en oro y plata. El precio duplicó el inicial, lo que solo aumentó el interés por la pieza y por su nueva dueña.
Desde su adquisición, la joya ha cambiado de aspecto varias veces. Primero apareció en el cuello de Mary como un collar y, un año después, se transformó en una tiara. La reina no se detuvo ahí y encargó nuevos pendientes para completar el conjunto y conseguir una imagen armoniosa. Este enfoque personal en la creación de su estilo es ya una rareza entre los miembros de la realeza, donde cada detalle suele estar estrictamente regulado.
Nuevas tradiciones
La audacia de Mary en la elección de joyas no se limitó a una sola compra. Colabora activamente con los artesanos de la Colección Real para crear interpretaciones modernas de las formas clásicas. En 2024 incorporó a su colección una tiara-banda elaborada con diamantes que, en su día, adornaron un cinturón medieval. Esta forma de tratar el legado es un intento de unir pasado y presente sin perder su sello personal.
El vestuario real danés es famoso por sus reliquias, muchas de las cuales cuentan con varios siglos de historia. Sin embargo, Mary ha logrado aportar una visión fresca, no rompiendo con la tradición, sino complementándola con rasgos personales. Sus joyas no solo forman parte de las ceremonias oficiales, sino que también reflejan el mundo interior de la reina.
Desafío a las costumbres
La decisión de Mary provocó reacciones encontradas entre los seguidores de la monarquía. Algunos vieron en esto una muestra de independencia y una visión moderna, mientras que otros lo consideraron una violación de los valores centenarios. Sin embargo, son precisamente estos pasos los que dan forma a la nueva imagen de las casas reales, donde la personalidad pasa a primer plano y la tradición se vuelve más flexible.
En los círculos reales de Europa, historias como esta son poco frecuentes. Normalmente, las joyas se heredan y su elección está estrictamente regulada. Sin embargo, Mary demostró que incluso en un mundo de reglas rígidas hay espacio para la individualidad y la creatividad. Su ejemplo inspira no solo a los apasionados de la moda, sino también a quienes valoran el coraje de defender sus propias convicciones.
La reina Mary
Mary, originaria de Australia, se convirtió en esposa del rey Federico y en una de las figuras más destacadas de la monarquía europea contemporánea. Su camino hacia la familia real estuvo marcado no solo por la adaptación a nuevas tradiciones, sino también por el deseo de aportar algo propio. Gracias a su gusto personal y decisiones valientes, Mary logró ganarse el respeto tanto en Dinamarca como fuera de sus fronteras. Su colección de joyas refleja una personalidad donde conviven el respeto por la historia y las ganas de avanzar. Son precisamente personas así las que definen la nueva imagen de las monarquías del siglo XXI.












