
La cuestión de cómo la España actual afronta su pasado volvió al centro del debate tras la decisión del ayuntamiento de Alcantarilla (Murcia) de no retirar la máxima distinción de la ciudad, concedida a Francisco Franco en 1973. Esta resolución puede incidir en la percepción de la memoria histórica y en la actitud hacia la dictadura entre la población. La controversia en torno a la medalla reavivó intensas discusiones sobre la interpretación de las leyes de Memoria Democrática y sobre dónde trazar la línea entre historia y su reinterpretación.
Esencia del conflicto
En el municipio de Alcantarilla, donde residen alrededor de 44.000 personas, el último pleno del ayuntamiento volvió a abordar el destino de la Medalla de Oro entregada a Franco hace casi medio siglo. La moción para su retirada fue presentada por la diputada independiente Lara Hernández, quien se apoyó en la ley de Memoria Democrática. Dicha norma exige revisar y revocar honores que contradigan los valores democráticos o ensalcen la dictadura.
Sin embargo, los representantes del Partido Popular (PP), que cuentan con mayoría absoluta en el pleno, rechazaron respaldar la iniciativa. A su entender, mantener la medalla no vulnera la ley, ya que la concesión no estuvo ligada a la exaltación del régimen de Franco. Esta posición fue apoyada también por el portavoz de Vox, aunque su voto no resultó decisivo.
Argumentos de las partes
Lara Hernández insistió en que la cuestión no es ideológica, sino que radica en la necesidad de cumplir con la legislación vigente. Recordó que la ley exige la anulación de todas las distinciones que puedan interpretarse como apoyo a la dictadura o al levantamiento militar. Para ella, mantener la medalla no es solo un símbolo, sino un verdadero obstáculo para reconocer los errores históricos y avanzar en los valores democráticos.
En respuesta, el portavoz oficial del PP, Luis Salinas, declaró que la concesión de la medalla en 1973 no fue un acto de exaltación de la dictadura. Se refirió al acta de la reunión del consejo de aquel entonces, donde se señalaba que el premio se otorgó por «servicio al país» y «garantizar la paz y la unidad». Según él, la ley no exige la retirada automática de todas las distinciones entregadas durante el periodo dictatorial, solo de aquellas que hoy puedan interpretarse como una exaltación del régimen.
Detalles del debate
Durante el debate, los representantes de Vox subrayaron que la mayoría de los habitantes de la ciudad ni siquiera saben de la existencia de esta medalla. En su opinión, si se tratara de un monumento o el nombre de una calle, la situación sería diferente. Sin embargo, sostienen que mantener la distinción no contribuye a la difusión del franquismo.
Por el contrario, Lara Hernández opina que este tipo de decisiones son un intento de «blanquear» la dictadura. Resaltó que, aunque los ciudadanos desconozcan la medalla, el simple hecho de que exista y sea reconocida oficialmente sigue siendo un problema. Según ella, no se puede construir una democracia rindiendo homenaje a dictadores.
Contexto histórico
En diciembre de 1973, el ayuntamiento de Alcantarilla decidió otorgar la Medalla de Oro a Franco y al entonces príncipe Juan Carlos de Borbón. En el acta de la sesión se señalaba que Franco “dedicó su vida al bien del país” y “aseguró la paz y la prosperidad”. Hoy en día, estas expresiones generan controversia respecto a su coherencia con los valores democráticos y los derechos humanos actuales.
Quienes apoyan la retirada de la distinción consideran que este tipo de expresiones y reconocimientos no deberían mantenerse en la España actual. Por el contrario, los detractores sostienen que la revisión de la historia no debe convertirse en herramienta de lucha política.
Reacción social
La decisión del ayuntamiento de Alcantarilla generó un amplio debate. Para algunos, demuestra que España aún no está preparada para renunciar por completo a los símbolos de la dictadura. Para otros, es un ejemplo de cómo las leyes de memoria pueden emplearse en disputas políticas.
Por ahora, la mayoría en el pleno municipal sigue defendiendo la preservación del galardón. La cuestión sobre cómo debe España afrontar su pasado sigue abierta y, a juzgar por los hechos, continuará suscitando intensos debates.












