
El flujo turístico hacia las regiones del norte de Portugal no deja de crecer año tras año, y muchos viajeros inician su descubrimiento del país en la pintoresca ciudad de Oporto. En 2024, esta ciudad recibió a unos 2,34 millones de visitantes, consolidando su posición en los rankings mundiales. Sin embargo, los verdaderos buscadores de experiencias auténticas saben que lo más interesante suele esconderse más allá de las grandes urbes. A tan solo una hora de la bulliciosa costa se encuentra Guimarães, una ciudad considerada con justicia el alma de la nación y su punto de partida.
No es solo una bonita definición. Precisamente aquí, en el siglo XII, tuvieron lugar acontecimientos que determinaron la aparición del reino portugués independiente. En Guimarães nació o, al menos, creció Afonso Henriques, quien estaba destinado a convertirse en el primer monarca del país. Aunque algunos historiadores sugieren que su lugar de origen pudo ser Viseu, Guimarães se asocia de manera inseparable al fundador de la nación. El momento decisivo fue la batalla de São Mamede, librada en 1128 a las puertas mismas de la ciudad. Las tropas del joven Afonso Henriques vencieron al ejército de su madre, Teresa de León, en el que fue el primer y principal paso hacia la soberanía. Hoy lo recuerda con orgullo una inscripción en una de las antiguas torres: «Aqui nasceu Portugal» – «Aquí nació Portugal».
Pasear por el centro histórico de Guimarães, incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, es como sumergirse en el pasado. Sus calles adoquinadas, antiguas mansiones con balcones tallados y fachadas que parecen detenidas en el tiempo crean una atmósfera medieval única. La visita a la ciudad suele empezar por su principal fortaleza: el castillo de Guimarães, del siglo X, un punto de partida ideal para comprender la importancia estratégica de este lugar. Muy cerca se alza el majestuoso Palacio de los Duques de Braganza, erigido en el siglo XV. Su arquitectura, con sólidas murallas y altas chimeneas, recuerda a los castillos franceses, y en su interior sorprenden los techos de madera tallada y tapices flamencos únicos.
El corazón de la vida urbana late en la plaza Praça de Oliveira, rodeada de acogedores cafés y casas con soportales. Aquí se halla también una de las iglesias más destacadas: Nossa Senhora da Oliveira. Otro lugar emblemático es la amplia y animada plaza Largo do Toural, donde el legado histórico se funde con el ritmo contemporáneo. Muy cerca se encuentra otro templo impresionante: la iglesia de la Virgen de la Consolación y Santos Pasos. Desde aquí es posible emprender el camino hacia uno de los atractivos más impactantes: el monte da Penha, al que se puede subir en teleférico.
El funicular, que conecta la ciudad con la cima del monte Penha, funciona desde 1995 y en sí mismo es un objeto histórico: fue el primer teleférico de este tipo en Portugal. El ascenso de diez minutos, que alcanza una altura de unos 400 metros, ofrece a los pasajeros panorámicas impresionantes. El viaje merece la pena no solo por las vistas. En la cima se encuentra un exuberante parque natural con senderos para pasear, áreas de picnic y, por supuesto, el santuario de Penha. Este lugar idílico es perfecto para descansar tras un largo paseo por las calles de Guimarães. Para quienes temen a las alturas, también es posible llegar en coche, donde hay un estacionamiento cómodo.












