
La unión de Cayetano Martínez de Irujo con Bárbara Mirjan, formalizada tras una década de relación, no solo se convirtió en un destacado acontecimiento social. También reavivó el debate público sobre el futuro de los títulos aristocráticos de una de las familias más ilustres del país. En el centro de las discusiones está una cuestión que durante siglos ha determinado el destino de las casas nobles: ¿quién heredará los importantes títulos de duque de Arjona y conde de Salvatierra?
A día de hoy, la respuesta a esta pregunta parece evidente y está determinada por la legislación vigente. Los principales aspirantes al legado de su padre son sus hijos gemelos, Luis y Amina. Todo indica que serán ellos quienes reciban los títulos paternos. Esta claridad es resultado de los profundos cambios en las leyes sucesorias que España implementó recientemente, modificando tradiciones centenarias.
Hasta 2006, en la aristocracia española regía de forma inquebrantable el principio de primogenitura masculina. El título pasaba automáticamente al hijo mayor, dejando fuera a las hijas, incluso si eran mayores que sus hermanos. Sin embargo, la ley 33/2006 supuso una auténtica revolución al establecer la plena igualdad de género en la sucesión. Desde entonces, el sexo del heredero resulta irrelevante y solo importa el orden de nacimiento. Esta medida democratizó las costumbres ancestrales y las adaptó a la realidad del siglo XXI.
Los propios títulos de los que se habla están envueltos en siglos de historia. El condado de Salvatierra fue instituido por el rey Felipe III en 1613. El ducado de Arjona es aún más antiguo: su origen se remonta a 1423, cuando fue concedido por el rey Juan II de Castilla. Ambos títulos los recibió Cayetano en vida de su madre, la legendaria Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, quien distribuyó parte de su vasta herencia entre sus hijos con antelación.
Parece que se abre una nueva etapa armoniosa en la vida del duque de Arjona. La relación de sus hijos con la nueva esposa de su padre, Bárbara Mirjan, se describe como muy cálida, lo que elimina cualquier posible tensión dentro de la familia. Mientras tanto, el monarca sigue siendo la única autoridad facultada para crear nuevos títulos nobiliarios, como ocurrió recientemente con el tenista Rafael Nadal, pero el destino de los antiguos títulos de la Casa de Alba ya está decidido. La ley y el acuerdo familiar garantizan que el patrimonio histórico será transmitido a la siguiente generación de forma justa y sin disputas.












