
En un tranquilo rincón de la provincia española de Zamora, en la comarca vinícola de Tierras del Vino, se esconde el pequeño pueblo de Fuentesaúco. Aquí se encuentra una construcción aparentemente modesta, pero asombrosa por su esencia, que data de la Edad Media. Esta edificación guarda en su piedra un secreto que desde hace años intriga a historiadores, expertos en arte y viajeros curiosos. Entre los relieves y capiteles característicos de la arquitectura de aquella época, hay un elemento que rompe con la tradición canónica y nos invita a reflexionar sobre las costumbres y símbolos de aquel tiempo lejano.
La protagonista principal de esta historia es el monumento religioso de la Invención de San Esteban (Iglesia de la Invención de San Esteban). Su construcción comenzó en la segunda mitad del siglo XII y terminó ya entrado el siglo XIII, lo que le ha valido el reconocimiento de Bien de Interés Cultural. El proyecto original era mucho más ambicioso: se trataba de una basílica con tres naves, separadas por sólidos arcos, y una imponente torre en la entrada principal. Sin embargo, el convulso siglo XX, con sus reformas y demoliciones parciales, no fue clemente con este antiguo monumento. Tras varias remodelaciones, el edificio perdió una nave y la torre, y hoy en día solo quedan dos naves, la capilla mayor y una sacristía añadida posteriormente. A pesar de estas importantes pérdidas, la construcción conserva su mayor tesoro: su rica ornamentación escultórica, que demuestra el extraordinario talento y la creatividad de los canteros medievales.
El elemento más intrigante y polémico espera al visitante atento en el portal norte. El acceso, diseñado con un triple arquivolta, descansa sobre columnas cuyas capiteles están adornados con complejos motivos vegetales y geométricos. Pero entre estos adornos, rodeado de respetables cruces y motivos florales, se destaca claramente una hoja de cannabis de cinco puntas, completamente reconocible. La presencia de esta imagen en la fachada de un edificio religioso del siglo XII genera innumerables preguntas y da pie a las teorías más audaces. No es, por supuesto, el único motivo vegetal del conjunto, pero sí el más provocador y comentado. ¿Fue acaso una broma del artesano, un símbolo secreto de algún grupo herético o simplemente la representación de una planta común en la vida cotidiana, usada para hacer cuerdas y tejidos? No hay respuesta. Pero precisamente este pequeño detalle ha dado a esta modesta parroquia rural una inesperada fama en toda España, convirtiéndola en un punto de atracción para quienes buscan en la historia algo fuera de lo común.
Sin embargo, reducir todos los méritos de la construcción únicamente a este detalle picante sería un gran error. El edificio presume también de otros elementos arquitectónicos y artísticos de gran valor. Llama la atención inmediatamente la gran ventana rosa de cuatro lóbulos en el frontón, así como los canecillos finamente tallados bajo el alero del tejado. En el interior se conservan las columnas originales con capiteles, donde pueden distinguirse figuras fantásticas de personas y animales míticos. Dentro, los fieles veneran la imagen de la Virgen del Villar, una escultura vestidera que, no obstante, ha conservado fragmentos de la talla original del siglo XII. Otra reliquia es un Crucifijo único con el brazo caído, que data del siglo XVI y fue trasladado aquí desde el ya desaparecido monasterio de Valparaíso, lo que le confiere un valor histórico añadido.
Todos estos elementos —desde la polémica imagen hasta las antiguas reliquias— convierten este lugar de Fuentesaúco en una auténtica joya arquitectónica de la provincia de Zamora. Es un sitio sorprendente, donde la devoción y la historia se entrelazan con un enigma que fue esculpido en piedra hace siglos. Un misterio que, aún hoy, sigue provocando debates apasionados entre los expertos y sonrisas cómplices entre los visitantes.












