
La visita de Estado de los monarcas españoles a Egipto llegó a su fin, dejando una clara sensación de éxito incontestable y fortaleciendo los lazos bilaterales. Este viaje fue mucho más allá de los encuentros protocolarios, convirtiéndose en una auténtica inmersión en la historia y la cultura. Esto se reflejó especialmente en el entusiasmo genuino del rey Felipe, quien, armado con su teléfono móvil, documentó con entusiasmo cada momento, desde la ceremonia de inauguración del nuevo sistema de iluminación del templo de Hatshepsut hasta las vistas únicas de Luxor. La pareja real mostró una calidez inusual en su trato, lo que no pasó desapercibido para los observadores, que destacaron el ambiente casi familiar de este viaje.
El punto culminante del viaje fue la visita exclusiva al Valle de los Reyes. Acompañados por los destacados arqueólogos españoles Myriam Seco y José Manuel Galán, el rey y la reina descendieron a las tumbas de los faraones Ramsés V, Ramsés VI y Seti I. No fue una simple contemplación de antigüedades. Los largos pasillos que se adentran en la roca, cuyos muros fueron decorados y cubiertos de jeroglíficos hace tres mil años, cobraban vida gracias a las explicaciones de los expertos. Felipe y Letizia, fascinados por la belleza milenaria como cualquier pareja, escuchaban con interés las historias sobre los descubrimientos y misterios que guardan estas tumbas, intercambiando impresiones y gestos de complicidad.
La visita destacó la notable contribución de España a la preservación del patrimonio egipcio. La presencia de los monarcas en la inauguración del proyecto de iluminación del templo de la reina-faraón Hatshepsut, realizado por una empresa española, simbolizó esta colaboración. Sin embargo, estos lazos tienen raíces profundas. Ya en la década de 1960, expertos españoles participaron en la misión de la UNESCO para salvar los monumentos de Nubia de la inundación provocada por la construcción de la presa de Asuán. En señal de agradecimiento, Egipto hizo a España un invaluable obsequio: el templo de Debod, que fue cuidadosamente trasladado y hoy adorna uno de los parques de Madrid.
Sin embargo, la agenda de la reina Letizia no se limitó solo al esplendor de los faraones. Visitó un lugar que contrasta radicalmente con los recorridos turísticos: la “Ciudad de los Muertos” de El Cairo. Esta vasta zona, surgida sobre un antiguo cementerio, hoy alberga a un millón de personas. Aquí, en los barrios donde las viviendas conviven con antiguos mausoleos, la agencia española de cooperación internacional lleva a cabo proyectos de apoyo a mujeres y niños. La reina conoció de cerca el trabajo de los talleres artesanales donde los vecinos aprenden orfebrería y marroquinería. Más tarde confesó que lo visto le causó una profunda impresión, calificando de muy marcado el contraste entre este lugar y los tesoros de Luxor.
La despedida de Egipto fue tan cálida como todo el viaje. Los trabajadores egipcios, que colaboran con las misiones arqueológicas españolas, despidieron a la pareja real con una canción en árabe que hablaba de la amistad entre ambos pueblos que caminan de la mano. Esta visita, llena de historia, diplomacia y calidez humana, sin duda ha abierto una nueva página en las relaciones entre Madrid y El Cairo.












